Chrome OS y Android serán un solo sistema operativo O eso sostiene Sergei Brin.
Sergei Brin, uno de los fundadores de Google y actuales directores de la empresa, salió al paso de la gran cantidad de reacciones que ha despertado el anuncio de Google Chrome OS, o más bien de la puesta en marcha del Chromium OS Open Source Project. El experimentado desarrollador y hoy multimillonario acusó recibo de todas las críticas que Chrome OS ha recibido en el sentido de restar valor agregado a los Sistemas Operativos actuales en vez de añadirlo, y al sinsentido de sacar un sistema operativo ultraligero para netbooks cuando ya tienen uno más que adecuado corriendo en miles de smartphones, como es Google Android. Respecto a esto último, Brin expresó su convencimiento respecto a que hay un futuro convergente entre Chrome OS y Android. No sólo comparten en su funcionamieto las piedras angulades (Linux y Webkit) sino que persiguen un mismo fin y apuntan a un nicho que aún no existe, ese que salva el descampado que hoy separa a netbooks y smartphones.
Añadió también que mientras Android es ya un producto terminado y en producción, Chromium es sólo un proyecto sobre el cual pasarán todo un año recolectando feedback. En ese sentido, ambos sistemas se nutren de las críticas constructivas que recibe cualquiera de los dos, pero además tienen la oportunidad de hacer competir a ambos equipos. Mal que mal, el equipo detrás de Android no ha renunciado a la idea de expandir su presencia en smartbooks y netbooks a mediano plazo. La competencia es una excelente herramienta para impulsar el progreso, esperemos que esto le sirva a Google para hacer de sus dos productos una pareja de temer, o acaso una sola fusión invencible para el nicho de los tablets. Y si no, bueno, en el peor de los casos Android ya ofrece una alternativa abierta y llamativa. Link: Brin: Google’s OSes likely to converge (CNET) .
Por: Rafael Hernández BolívarFecha de publicación: 06/09/07
Estamos en tiempos de revolución y esto significa profundas transformaciones en todas las áreas de la vida social de los venezolanos. Se alteran las estructuras económicas, se introducen reformas sustanciales en el marco jurídico institucional, se abren nuevos espacios para la participación ciudadana y para el protagonismo social. Significa también el surgimiento de cambios en la manera de hacer política y de conquistar los liderazgos.Ya no hay espacio para la dirigencia tradicional, cuartorrepublicana, acostumbrada a robarles el esfuerzo y el trabajo a quienes de manera paciente y dedicada hacían posible las reinvindicaciones sociales. Hoy es rechazada aquella gente que al momento de la victoria, aparecía de improviso y terminaba no sólo proclamando la autoría de las conquistas y abonándolas a su prestigio político sino, peor aún, decidiendo sobre lo que debía hacerse de allí en adelante. Era la dirigencia contra la que protestó Victor Jara y graficó en estos versos: “Usted que era el más quedao, se quiere adueñar del baile”.Este comportamiento no es exclusivo de los individuos. También es frecuente en partidos, grupos políticos y hasta instituciones y organizaciones del Estado. Apenas comienza a perfilarse la solución a un determinado problema, se inicia una lucha fratricida por colocarle el sello del partido, del grupo o de la institución a la que se pertenece. A partir de allí, ya no importa la solución misma ni las personas o comunidades que se beneficiarían de su implementación o la mejor manera de llevarla a cabo. No. Lo que importa es quién capitalizará el beneficio político. Y, estas peleas, en no pocos casos, terminan obstaculizando las acciones necesarias y hasta paralizando y saboteando las soluciones.Las comunidades deben estar alertas y rechazar este tipo de conductas. En ese sentido, en Catia tenemos una larga experiencia. Todas las grandes conquistas han sido fruto de una larga y contínua lucha en la que se afianzan numerosas voluntades y esfuerzos de individuos, grupos, organizaciones e instituciones. ¿Quién puede reclamar para sí la autoría del Parque del Oeste, del Museo Jacobo Borges, de la eliminación del Retén de Catia y del Retén del Junquito? Todas han sido conquistas del esfuerzo mancomunado de los catienses. Todos los luchadores sociales de Catia, unos más, otros menos; muchos de ellos de manera anónima, han puesto su preocupación, sus esfuerzos y sus ideas al servicio de estas nobles causas. Hoy, con la universidad para Catia, puede decirse lo mismo.También es verdad que esas actitudes escamoteadoras del trabajo colectivo sufren en estos tiempos mayor rechazo. Cada día es menos posible birlar al pueblo porque están surgiendo dirigentes más concientes de la importancia de lo colectivo y orientados por nuevos valores. Cada día las comunidades tienen mayor participación y no están dispuestas a tolerar este tipo de comportamiento.Fuente: http://www.aporrea.org/poderpopular/a40802.html BIENVENIDA A LA PÁGINA Después de treinta años, de los rigores del pasado reciente, y aún cuando quisieron destruirnos,hoy estamos presentes. Por que pusimos los colores, por que pintamos los sueños y las esperanzas de toda una generación de chilenos y chilenas, convencidos de que fuimos un actor más en la construcción de la gran utopía, y porque fuimos y somos un aporte al arte y la cultura popular de nuestro pueblo.Hoy por hoy, con una mirada independiente, sin la urgencia del compromiso político, manteniendo los mismos principios y valores de siempre, con nuestras conciencias y nuestras manos limpias,extenderemos una invitación sincera y honesta, a toda esa generación de chilenos que creyeron en nosotros, también a nuestros detractores, pero sobre todo a los jóvenes, a las nuevas generaciones para que conozcan, quienes fuimos, que hicimos y qué es lo que hacemos, sin otro interés que el de hacer una contribución a la construcción de la memoria histórica.En el presente nos vemos enfrentados a una realidad sociocultural sin precedentes en nuestra historia; asistimos al fenómeno de la globalización un fenómeno que nos afecta, cambiando dramáticamente nuestros paradigmas, formas culturales, y de convivencia, el libre mercadismo impone una sola visión del mundo, la de él. Los ciudadanos ya no son tal, sino consumidores. Ante esta realidad nos rebelamos, creemos que desde nuestra condición de pintores populares, tenemos un aporte más que hacer. El muralismo en Chile forma parte de la expresión popular, arraigada en la tradición de lucha por la liberación, común con los pueblos hermanos latinoamericanos. Por esto proponemos ir al rescate de esta expresión que hace de lo propio, del sentir del pueblo plasmado en colores sobre los muros de nuestra ciudad.¿Por qué dejar de soñar, porque dejar de pintar, si la esperanza no se ha perdido? Colectivo Muralista BRP
Es que los filósofos han preferido olvidarlas, aunque ojalá después se hayan apropiado de sus ideas. Umberto Eco Alicia H. Puleo en su libro “Filosofía, Género y pensamiento crítico” se hace varias preguntas que nos vienen bien para reflexionar en esta sección: ¿Cómo se traduce la auténtica revolución del conocimiento que supone la categoría de género en el ámbito de la Filosofía? ¿Cómo se inició este trabajo académico en los años setenta y qué tareas están hoy en curso? Las respuestas que da a estas preguntas son muy aleccionadoras: Como resultado del proceso social de cambio puesto en marcha por el feminismo a partir de los años setenta, las ciencias humanas y la Filosofía han comenzado a revisar gran parte de sus presupuestos y teorías. Así, por ejemplo, en el ámbito de la educación se han realizado numerosos estudios para erradicar los materiales y las conductas sexistas. Hoy el término de coeducación nos remite a una serie de esfuerzos conscientes para que la escuela mixta ofrezca verdadera igualdad de oportunidades para ambos sexos en el aprendizaje. La Sociología ha corregido graves deformaciones de sus estudios debidas a la invisibilización de las mujeres. En el caso que aquí nos interesa, el de la Filosofía, se han desarrollado diferentes tipos de investigación. Por el momento, sólo quiero señalar que ha habido una evolución en los objetivos y en el objeto de interés. Me limitaré, pues, a enumerar los tipos de trabajos existentes. Muchos de los primeros trabajos realizados a partir de los años setenta pueden ser caracterizados como la búsqueda de "perlas de la misoginia". Se identificaban y recopilaban pasajes particularmente desfavorables a las mujeres en la obra de filósofos famosos, pasajes púdicamente silenciados, en general, por los manuales. Pero esta tarea pronto se convirtió en algo más complejo y elaborado. La identificación del sexismo ha tomado la forma de genealogía y análisis de conceptos y teorías, así como de detección de contradicciones internas en el discurso universalista del filósofo. También se ha procedido a rastrear en el pasado para reconstituir una línea filosófica emancipatoria perdida una y otra vez en los corsi e ricorsi de la Historia. Recuperar los nombres y los textos de pensadoras y pensadores que fueron capaces de criticar el orden estratificado de género en épocas anteriores al surgimiento del feminismo contemporáneo ha sido una tarea importante. La formación de una conciencia de género requería, asimismo, luchar contra tópicos arraigados como el de la inexistencia de filósofas. Rescatar del olvido o de la sombra de algún gran hombre a pensadoras de mérito es otro de los modos que ha tomado la investigación de género. Ambas tareas -constitución de un corpus filosófico no sexista y reconocimiento de la obra filosófica realizada por mujeres- son fundamentales. El análisis de las teorías consagradas no se limitaría a señalar incoherencias o falsos universalismos constitutivos de sexismo. También comenzaría a sospechar sobre la existencia de un sesgo androcéntrico, es decir, de un presupuesto general no consciente por el que las experiencias y valores masculinos se constituyen en norma, modelo y centro de la construcción teórica. Esta crítica al androcentrismo se ha desarrollado tanto en el ámbito de la ética como en el de la epistemología, la metafísica o la Historia de la Filosofía. Cabe señalar que, hoy en día, el arraigo y la fuerza del pensamiento feminista en Filosofía son tan grandes que éste ya no se limita únicamente a denunciar el sexismo y el androcentrismo, sino que mantiene debates internos entre distintas corrientes de interpretación del sistema de género y realiza propuestas de Filosofía Política que están siendo discutidas en los Parlamentos occidentales. Este es el caso, por ejemplo, de la democracia paritaria. En relación con algunos de los supuestos manejados por Alicia H. Puleo, podemos encontrar opiniones de gran calado como la de Umberto Eco, semiólogo y escritor italiano, que en un artículo titulado “Filosofar en Femenino” publicado en el Diario La Nación de Argentina en 2004, decía: En estas líneas se recorre la historia de la filosofía y los claustros de las grandes universidades en busca de mujeres filósofas. Y el autor encuentra algunos nombres, todos olvidados por los hombres filósofos, excepto el de Hipatia, maestra en Alejandría, en el siglo V.
“La antigua afirmación filosófica de que el hombre es capaz de pensar en el infinito mientras la mujer da sentido a lo finito puede ser leída de diversas maneras: por ejemplo, suponer que como el hombre no sabe hacer niños, se consuela con las paradojas de Zenón.
Pero a partir de la afirmación del género se ha difundido la idea de que si bien la historia (al menos del siglo XX) nos ha hecho conocer grandes poetas y narradoras, y científicas de diversas disciplinas, no nos ha ofrecido mujeres filósofas ni matemáticas.
Desde hace mucho tiempo la distorsión del género ha dado lugar a la convicción de que las mujeres no han sido afines a la pintura, con las únicas excepciones de las conocidas Rosalba Carriera o Artemisia Gentileschi. Sin embargo, la ausencia de mujeres en ese campo era algo natural, ya que como la pintura se concentraba en los frescos de las iglesias, subir a los andamios con faldas no era algo decente, ni tampoco era tarea de mujeres dirigir un taller con 30 aprendices, ellas a duras penas podían hacer pintura de caballete. Es un poco como decir que los judíos se han destacado en muchas artes pero no en la pintura, hasta que llegó Chagall.
Es cierto que su cultura era eminentemente auditiva y no visual, y que no debían representar la divinidad por medio de imágenes, pero existe una producción visual de indudable interés en muchos manuscritos judíos. El problema es que era muy difícil, durante los siglos en los que el arte figurativo estuvo en manos de la iglesia, que un judío fuera estimulado a pintar madonnas y crucifixiones, y sería como asombrarse de que ningún judío se haya convertido en Papa. Las crónicas de la Universidad de Bologna citan a profesoras como Bettisia Gozzadini y Novella d'Andrea, que eran tan bellas que debían dar sus lecciones detrás de un velo para no perturbar a los estudiantes, pero ninguna enseñaba filosofía.
En los manuales de filosofía no encontramos mujeres que enseñaran dialéctica o teología. Eloísa, la brillantísima e infeliz estudiante de Abelardo, tuvo que contentarse con ser abadesa. Pero el problema de las abadesas no debe tomarse con ligereza, y a él ha dedicado muchas páginas una mujer filósofa de nuestro tiempo como María Teresa Fumagalli. Una abadesa era una autoridad espiritual, organizativa y política y desempeñaba funciones intelectuales importantes en la sociedad medieval. Un buen manual de filosofía debe consignar entre los protagonistas de la historia del pensamiento a grandes místicas, como Catalina de Siena, por no hablar de Hildegarda de Bingen, que, en cuanto a visión metafísica y a perspectivas sobre lo infinito, resulta difícil de superar aún en nuestros días.
La objeción de que la mística no es filosofía no tiene fundamento, porque la historia de la filosofía reserva un espacio a grandes místicos como Suso, Tauler o Eckhart. Y decir que gran parte de la mística femenina daba mayor importancia al cuerpo que a las ideas abstractas sería como decir que de los manuales de filosofía habría que hacer desaparecer, entre otros, a Merleau-Ponty.
Las feministas hace tiempo han elegido a su heroína Hipatia, quien, en Alejandría, en el siglo V, era maestra de filosofía platónica y alta matemática. Hipatia se convirtió en un símbolo, pero de su obra prácticamente sólo quedó la leyenda, porque se perdió y también la propia Hipatia, literalmente hecha pedazos por una turba de cristianos enfurecidos, que según algunos historiadores fueron instigados por cierto Cirilo de Alejandría, quien, más tarde aunque no por esto, fue convertido en santo. ¿Pero sólo habrá existido Hipatia? Hace poco más de un mes fue publicado en Francia (en Arléa) un librito, Histoire des femmes philosophes. Según se revela, el autor, Gilles Mónage, vivía en el siglo XVII, era un latinista, preceptor de Madame de Sévigné y de Madame de Lafayette, y su libro, aparecido en 1690, se titulaba originalmente Mulierum philosopharum historia.
Hipatia no estaba nada sola: aunque está principalmente dedicado a la filosofía clásica, el libro de Mónage presenta una serie de figuras apasionantes: Diótima la socráte, Areté la cirenaica, Nicareté la megárica, Iparchia la cínica, Teodora la peripatética (en el sentido filosófico del término), Leoncia la epicúrea, Temistoclea la pitagórica. Y Mónage, tras examinar textos antiguos y la obra de los Padres de la Iglesia, llegó a citar a más de sesenta y cinco, si bien considerando la idea de filosofía en un sentido bastante amplio.
Si se toma en cuenta que en la sociedad griega la mujer era confinada tras los muros domésticos, que los filósofos preferían entretenerse con jovencitos y que para gozar de pública notoriedad una mujer debía ser cortesana, se comprenderá el enorme esfuerzo que deben haber hecho estas pensadoras para poder afirmarse. Por otra parte, como cortesana, pero de calidad, se recuerda a Aspasia, señalando que era versada en retórica y en filosofía y a quien (según da testimonios Plutarco), Sócrates frecuentaba con gran interés.
Me fui a hojear al menos tres enciclopedias filosóficas y de todos estos nombres (salvo Hipatia) no encontré ningún rastro. No es que no hayan existido mujeres filósofas. Es que los filósofos han preferido olvidarlas, aunque ojalá después se hayan apropiado de sus ideas”.
FILÓSOSOFAS DE DISTINTAS ÉPOCAS ANTIGÜEDAD Las primeras mujeres filósofas de las que se tiene noticia estuvieron vinculadas a la escuela pitagórica (siglo VI a. C). Sus ideas, sin embargo, fueron atribuidas a su fundador, Pitágoras. Poco después aparecen algunas mujeres relacionadas indirectamente con la filosofía, como Aspasia de Mileto, protectora de Protágoras y promotora del pensamiento y la cultura en la Grecia de Pericles. También hubo mujeres filósofas en las escuelas epicúrea y estoica, tanto en Grecia como en Roma. En la escuela cínica destaca Hiparquía de Tracia (siglo IV a. C). Hacia el final del período helenístico despunta Hipatia de Alejandría, la mujer científica y filósofa más importante de la antigüedad. Estudió las obras de Platón y Aristóteles, pero se dedicó sobre todo a la astronomía y la matemática. EDAD MEDIA Durante este período y por influencia del cristianismo, la mujer fue considerada como origen del pecado, la impureza y la debilidad. Excluidas del culto y marginadas de la vida social, las mujeres tenían prohibido el acceso a la cultura. En esta época las mujeres laicas no contaban, en general, con la suficiente instrucción. Por el contrario, sí hubo mujeres cultas en los conventos y monasterios: bibliotecarias, escribanas y enseñantes, que escribieron obras sobres sus experiencias místicas, así como algunos tratados científicos. En esta línea destaca Hildegarda de Bingen (1098-1179), que dejó escritos de astronomía, botánica y medicina, así como libros proféticos, basados en sus visiones . RENACIMIENTO Durante el Renacimiento, la filosofía continuó en manos masculinas, aunque algunos pensadores ya reconocían la influencia de las mujeres en el terreno de la cultura. En este sentido, se elaboraron elencos de mujeres célebres, con el fin de completar la trayectoria del pensamiento humano desde la antigüedad. Progresivamente se fueron debilitando las condiciones que impedían el acceso de las mujeres a la cultura y aumentó el número de mujeres que escribían poesía y se interesaban por la ciencia, la política y la música, fundamentalmente entre la clase noble. Así por ejemplo, Galileo mantuvo correspondencia con la duquesa de Toscana, Cristina de Lorena, a propósito de sus descubrimientos en astronomía y la defensa de las tesis copernicanas. En el ámbito religioso y, concretamente, entre los reformadores católicos, destaca Teresa de Jesús (1515-1582), fundadora de monasterios y escritora. Su aguda percepción del dolor existencial humano se plasma en obras como Las moradas (1577), donde propone un camino interior de redención que conduce a la beatitud. La obra de Teresa de Jesús ejerció una enorme influencia sobre la teología de su época y posteriores, en particular sobre la teología mística, al subrayar el aspecto psicológico y emotivo de la experiencia religiosa. BARROCO Madame de Sevigné (1626-1696). Isabel de Bohemia (1618-1880). Lady Conway (1631-1679). Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695). ILUSTRACIÓN Madame de Chatelet (1706-1749). Olympe de Gouges (1749-1793). Mary Wollstonecraft (1759-1797). Madame de Staël (1766-1817). LA MUJER Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES DEL XIX Flora Tristán (1803-1844). Eleanor Marx (1855-1898). LA MUJER Y LA FILOSOFÍA EN EL SIGLO XX Rosa Luxemburgo (1871-1919). Maria Montessori (1870-1952). Edith Stein (1891-1942). Simone de Beauvoir (1908-1986). Simone Weil (1909-1943). Hanna Arendt (1906-1975). Ayn Rand (1905-1982). María Zambrano (1904-1991). Aspasia De Mileto Teano Perictione Hipatia Hildegarda De Bingen Otliva Sabuco (1562-?) Santa Teresa De Jesús Isabel De Bohemia Anne Finch Conway Sor Juana Inés De La Cruz Marquesa De Châtelet Mary Wollstonecraft Olympe De Gouges Madame De Stäel Flora Tristan Harriet Taylor (1807-1858) Madame Blavatsky Eleanor Marx Lou Andreas Salomé María Zambrano Simone Weil Amelia Valcárcel Victoria Camps Celia Amorós Adela Cortina Asunción Herrera Alicia Miyares Agra, María Xosé Burgos Díaz, Elvira Cavana, María Luisa Cobo, Rosa De Miguel, Ana Duran, María Angeles Femenias,María Luisa López Pardina, Teresa Posada Kubissa, Luisa Puleo, Alicia H. Rodríguez Magda, Rosa María Roldán, Concha Rubio, Ana
"Justicia social", foto de Gilberto Santa Rosa simbolizando la desigualdad. La justicia social comprende el conjunto de decisiones, normas y principios considerados razonables de acuerdo al tipo de organización de la sociedad en general, o en su caso, de acuerdo a un colectivo social determinado. Comprende por tanto el tipo de objetivos colectivos que deben ser perseguidos, defendidos y sostenidos y el tipo de relaciones sociales consideradas admisibles o deseables, de tal manera que describan un estándar de justicia legítimo. Un estándar de justicia sería aquello que se considera más razonable para una situación dada. Razonable significa que determinada acción es defendible ante los demás con independencia de sus intereses u opiniones personales, esto es, desde una perspectiva imparcial; así, para justificar algo hay que dar razones convincentes que los demás puedan compartir y comprender. Así entendido, el concepto es análogo a la definición de Estado como orden normativo de Hans Kelsen, la diferencia radica en que la justicia social habla de las normas razonables e imparciales, mientras que el orden jurídico se refiere a las normas aceptadas en la ley, o bien, supuestas como requisitos de la convivencia en sociedad para imponer un orden de acuerdo a los diversos intereses sociales. Se puede decir que el instrumento de la justicia social es lo razonable e imparcial, mientras que el instrumento del Estado es la coacción para defender los diversos intereses reales existentes en una sociedad. Desde un punto de vista histórico la Justicia social es un concepto aparecido a mediados del siglo XIX, referido a las situaciones de desigualdad social, que define la búsqueda de equilibrio entre partes desiguales, por medio de la creación de protecciones o desigualdades de signo contrario, a favor de los más débiles.[1][2] La justicia social remite directamente al derecho de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, en especial los trabajadores, al goce de los derechos humanos sociales y económicos, conocidos como derechos de segunda generación, de los que ningún ser humano debería ser privado.[1][2] Para graficar el concepto suele decirse que, mientras la justicia debe ser ciega, la justicia social debe quitarse la venda para poder ver la realidad y compensar las desigualdades que en ella se producen.[3] En el mismo sentido se ha dicho que mientras la llamada justicia "conmutativa" es la que corresponde entre iguales, la justicia "social" es la que corresponde entre desiguales. La idea de justicia social está orientada a la creación de las condiciones necesarias para que se desarrolle una sociedad relativamente igualitaria en términos económicos. Comprende el conjunto de decisiones, normas y principios considerados razonables para garantizar condiciones de trabajo y de vida decentes para toda la población. Involucra también la concepción de un Estado activo, removiendo los obstáculos que impiden el desarrollo de relaciones en igualdad de condiciones. El filósofo argentino Alejandro Korn sostiene que la justicia social es un ideal que solo puede definirse a partir del hecho concreto de la injusticia social.[4] Algunos estudiosos,[5] sostienen que el concepto «justicia social» se corresponde con la «justicia distributiva» de Aristóteles, en tanto que la noción de «justicia conmutativa» del estagirita, corresponde a la idea clásica de justicia, en la sociedades modernas. Entre los temas que interesan a la justicia social se encuentran la igualdad social, la igualdad de oportunidades, el Estado del bienestar, la cuestión de la pobreza, la distribución de la renta, los derechos laborales y sindicales, etc.
http://pmr-chile.org/lclase.htmlIV. DOS DECADAS Y TRES INTENTOS PARA LLEGAR AL GOBIERNO DE LA UNIDAD POPULAR ______________________________________________ Para que las Fuerzas populares lograran conquistar una parte del poder político en 1970 fue necesario recorrer todo ese largo camino de luchas sociales y políticas desde el siglo XIX hasta llegar a las determinantes décadas del 50 y 60. Durante el periodo desde 1952 hasta 1970, las fuerzas populares vivieron las experiencias del Gobierno «justicialista demagógico» de Ibáñez (52 - 58), la del Gobierno reaccionario de Alessandri Rodríguez ( 58 - 64) y la llamada «Revolución en libertad» del Gobierno demócrata cristiano de Eduardo Frei (64 - 70). Durante estos casi veinte años los partidos populares irían perfeccionando su estrategia política, las masa irían incorporándose paulatinamente a todo este proceso, sometiendo esta estrategia a la posibilidad de lograr su objetivo en cada una de esas tres elecciones presidenciales, acumulando y midiendo en cada elección del poder legislativo y en las municipales que se realizaron en el transcurso de esos veinte años. Los procesos electorales durante esos veinte años eran un fin en si y el inicio para comenzar las transformaciones que proyectaban los partidos populares. La responsabilidad en la conducción de este proceso es del Partido Comunista y del Partido Socialista. Los éxitos y fracasos son de ambos partidos, ambos populares, y de la clase obrera Es en terreno económico donde se definen los intereses en disputa. Los fundamentos económicos del proyecto de lo que se denomino «La vía chilena al Socialismo» responden a un análisis objetivo de la concentración de las riquezas básicas, la gran propiedad industrial, energética, transporte, agrícola, financiera, y de servicios en manos de transnacionales norteamericanas y en un reducido grupo oligárquico nacional. Esto determinaría algunos contenidos del programa de la U.P. para esta etapa. La evaluación del Gobierno popular como complejo fenómeno político social en la historia de la lucha de clases en Chile, visto desde sus múltiples aristas que involucraron a todo el quehacer del país, lo sitúan en uno de los hitos mas relevante en ese resultado en ese prolongado camino por alcanzar la justicia social. Al revisar los cambios que se lograron en el orden político, social y económico, lo ubican en el momento donde se ha ejercido la democracia mas avanzada en la historia del capitalismo subdesarrollado y dependiente que hasta hoy impera en Chile. El ejercicio de la democracia se expreso en el apoyo del contenido del programa de la Unida Popular, a tres de tres eventos electorales. Las elecciones presidenciales de 1970 con un 36,3 %, las municipales de abril de 1971 con un 50,86% y las parlamentarias a seis meses del golpe de Estado de 1973 con un 43,4%. Primera vez en la historia de los gobiernos chilenos que se registra tal ascenso posterior a ser elegido. No hubo ninguna otra fuerza política que concertara mayor apoyo, clara muestra de democracia, de acuerdo con la interpretación y empleo de parámetros de las democracias burguesas. Los sectores populares organizados ejercieron democracia participativa en «la batalla por la producción», los comités de autodefensa, los cordones industriales, las juntas de vecinos, en los sindicatos, en las cooperativas campesinas, en los trabajos voluntarios de la juventud, en los centros de alumnos, en los sectores profesionales. El rasgo distintivo de ese protagonismo lo da el contenido de las transformaciones sociales, políticas y económicas por las que se luchaba; en la consciencia social de esas mayorías organizadas estaba el concepto de revolución y la clara perspectiva del socialismo. La capacidad de organización, los valores incorporados en esta inédita experiencia demuestran que, a pesar del inmenso poder desplegado por el imperialismo y la oligarquía para ganarse o neutralizar la consciencia de las masas populares, estas emprenden magnas tareas si son sujetos protagonistas de los cambios. El Gobierno como tal, la disputa por el poder en el marco predeterminado por los partidos populares, las transformaciones realizadas en todo orden, el grado y calidad del comportamiento popular, su derrota y fundamentalmente, en lo que devino el país posterior de 1973, indican que es en este periodo donde se encuentran razones principales que explican la actual situación de la lucha de clases en el país. El Gobierno Popular, siguiendo su programa, nacionalizo la totalidad de las riquezas naturales del país, la gran minería del cobre, del hierro, del salitre, del carbón y del cemento; fueron recuperadas setenta de las mas grandes empresas monopolicas. El estado controlo mas del 90% de las exportaciones y el 60% de las importaciones. El Gobierno Popular afecto el corazón de los intereses del imperialismo en Chile y de la oligarquía nacional. La profundidad de estas transformaciones para esta etapa quedaría demostrada en 1972 cuando mas del 50% del P.N.B. correspondería al sector estatal y desaparecería el latifundio en el país, alterando significativamente las relaciones de producción, elementos solo concernientes al terreno económico. En todo el proyecto del Gobierno Popular esta inscrita la teoría del poder y la particular «vía no armada» para la consecución del mismo como instrumento para lograr la revolución en sus dos etapas; es un error aseverar que no existía definición acerca del poder. Las causas de la derrota de este proceso la debemos encontrar en la interpretación de «esa realidad particular de Chile» que determino que era posible que se llegara al socialismo absolutizando esa vía para la toma del poder. Estas deformaciones datan desde la fundación de los partidos populares conductores de ese proceso. Esta interpretación de nuestra realidad indujo a una insuficiente previsión de las respuestas que daría el imperialismo y lasa clases dominantes ante tan profundos cambios. La historia chilena era inequívoca, la experiencia internacional no dejaba dudas en cuanto a la profundidad y violencia de las respuestas de las clases dominantes y el imperialismo, la ciencia social era exacta en los principios generales que rigen a las revoluciones.http://http://fpmr-chile.org/lucha%20y%20fpmr.pdf
Objetivos · Conocer los principales conceptos, valores, modelos teóricos y métodos relativos al Trabajo Social Comunitario. · Aproximarse a los debates existentes acerca del Trabajo social comunitario y las diversas estrategias de intervención social. · Comprender la dimensión comunitaria como integradora de las dimensiones individuales y grupales de la intervención del trabajo social. · Relacionar la teoría y la práctica del Trabajo social comunitario como un proceso de retroalimentación continuo . · Conocer y adquirir habilidades profesionales y técnicas adecuadas para el manejo de las metodologías intervención comunitaria.
PARTE I. FUNDAMENTOS TEÓRICOS Y METODOLÓGICOS DEL TRABAJO SOCIAL COMUNITARIO
MÓDULO 1: Construcción teórico-conceptual del Trabajo social comunitario. El Trabajo social comunitario como proceso organizativo para promover un proyecto de desarrollo social y como práctica organizada para implicar a las poblaciones en la mejora de sus condiciones de vida.
MÓDULO 2: Orígenes y desarrollo del trabajo social comunitario. De las utopías renacentistas a la situación actual.
MÓDULO 3: Objetivos y beneficios del Trabajo social comunitario. El desarrollo social como objetivo. Beneficios del Trabajo social comunitario: dimensión cultural /simbólica; dimensión relacional; dimensión educativa; dimensión política. La participación comunitaria como elemento definitorio del Trabajo social comunitario. Concepto y justificación de la participación. Requisitos de la participación. Enfoques de la participación en el Trabajo social comunitario. Acción colectiva y participación social. Manifestaciones de la participación: el asociacionismo, el voluntariado social.
MÓDULO 4. Ética y valores en el Trabajo social comunitario. Cualidades, disposiciones y estilos del trabajador social comunitario. Las experiencias organizativas como fuente de capacitación. Cambiar nosotros, cambiar el mundo. Proximidad e influencia del trabajador comunitario. Roles y funciones del trabajador comunitario. La intensidad de la intervención y la presencia del trabajador social comunitario.
MÓDULO 5. Métodos, técnicas e instrumentos en Trabajo social comunitario. Conocimiento global del campo de acción profesional. Interpretación de datos, plan de trabajo, ejecución y evaluación. Técnicas más utilizadas en Trabajo social comunitario. La observación participante. La entrevista en profundidad. Redes sociales. La investigación-acción participativa. Técnicas grupales.
PARTE II. INTERVENCIÓN COMUNITARIA
MÓDULO 6. Crear y sostener la comunidad. Diagnóstico profesional. Inmersión en el espacio social en el que hay que intervenir. Sincronizar y conocer desde el principio. Delimitar el espacio a conocer. La interpretación de cara a la acción (el diagnóstico profesional). La definición del proyecto de intervención y la actuación estratégica. Diseño de programas y proyectos de desarrollo comunitario. Partes de un programa o proyecto. Estudio preliminar de la zona. La recogida de información. Valoración, diagnóstico y autodiagnóstico. El proceso de planificación. La administración del programa o proyecto. La evolución del programa o proyecto de desarrollo comunitario. Desarrollo de proyectos sociales de intervención profesional en Trabajo social comunitario. Contextos de la intervención comunitaria: Lo global y lo local.
MÓDULO 7. Análisis de casos.
Sistema de evaluación Opción A. Examen escrito tipo test, respuesta breve o tema a desarrollar en la convocatoria oficial. Opción B. Evaluación continua con pruebas objetivas, semiobjetivas, resolución de problemas, ensayos, etc.
Bibliografía básica ANDER-EGG, E. (2006): Metodologías de acción social. Jaén, Universidad de Jaén. BARBERO FERRAN CORTES, J. M. (2005): Trabajo comunitario, organización y desarrollo social. Madrid, Alianza Editorial FERNÁNDEZ GARCÍA, T. (2008): Trabajo social comunitario: afrontando juntos los desafíos del siglo XXI. Madrid, Alianza Editorial. HOMBRADOS MENDIETA, Mª. I. (coor) (2006): Intervención social comunitaria. Málaga, Ediciones Aljibe. MALAGON BERNAL, J. L. (1999): Fundamentos del Trabajo social comunitario. Sevilla, Aconcagua Libros, pág181 a196.
Bibliografía complementaria CEMBRANOS, F. Y MEDINA, J. A. (2003): Grupos inteligentes. Teoría y práctica del trabajo en equipo. Madrid, Editora Popular. GRACIA FUSTER, E. (1998): El apoyo social en la intervención comunitaria. Barcelona, Ed. Piados. SÉLLER, S. (1975): El vecindario, una perspectiva sociológica. Madrid, Siglo XXI: LILLO, N. Y ROSELLÓ, E. (2001): Manual para el Trabajo Social Comunitario, Madrid, ed. Narcea. MARCHIONI, M. (coord.) (2001): Comunidad y Cambio Social. Teoría y praxis de la acción comunitaria, Madrid, Ed. Popular. (1998): Planificación social y organización de la comunidad, Madrid, Ed. Popular. NAVARRO, S. (2004): Redes sociales y construcción comunitaria. Creando (con) textos para una acción ecológica. Madrid, Editorial CCS. PALOMERO, A. R. (2007): Paradojas entre la promoción social y los servicios sociales. El servicio socioeducativo para adultos en Can Torner. Barcelona, Gedisa. ROBERTIS, C. Y PASCAL, H. (1994): La intervención colectiva en trabajo social, Buenos Aires, Ed. Ateneo. SANCHEZ, A. (2000): La Participación. Metodología y práctica, Madrid, Ed. Popular. VILLASANTE, R. (1984): Comunidades locales. Análisis. Movimientos sociales alternativos. Madrid, IEAL. VILLASANTE, T. R. (1998): Cuatro redes para mejor vivir (1). Del desarrollo local a las redes para mejor vivir. Buenos Aires, Lumer, Humanitas.
A la luz de un nuevo milenio, de cara a las nuevas concepciones que ha producido la reconceptualización en el Trabajo Social como profesión, y en su afán de convertirse en una disciplina científica que guíe la praxis profesional, es válido valorar nuevamente la relación entre las categorías Trabajo Social y Política Social y sobre todo su vínculo en un sistema diferente, que persigue la libertad y dignificación del hombre. En el trabajo se plantea la necesidad de que las políticas sociales se convertirían en estrategias, que más allá de sus objetivos económicos y políticos, tengan un alcance humano, integrando las necesidades sociales y promoviendo el desarrollo, fomentando el uso funcional de los recursos y medios estatales en las alternativas de solución a las contradicciones sociales, valoradas en la participación desde los diferentes agentes y el sujeto social.
Vamos a entender el Trabajo Social ya no como una acción organizada e institucionalizada para modificar el medio social y mejorar las condiciones de vida que resultan negativas o perjudiciales para ciertos grupos, sino como una profesión (solo hasta el momento)encargada de potenciar la concientización y expresión de las contradiccionesy necesidades sociales y educar, en una práctica transformadora, las posibilidades de solución a través de la vida activa y constructiva del hombre y la sociedad.
El Trabajo Social basado en el principio de autodesarrollo promueve la participación y cooperación en la potenciación de la realidad y el crecimiento hacia estadios superiores de integración social en pos de la satisfacción de necesidades sociales.
Y en este sentido también cambia nuestra concepción de Política Social; la cual se aleja de verla solo como“… estrategias, trazadas por el estado, que ponen en relación las necesidades y los recursos sociales”, o “La noción de políticas sociales entendidas como conjunto de medidas destinadas a asegurar la satisfacción mínima de las necesidades vitales está ligada al desarrollo del Estado de Bienestar”.En este concepto el Trabajo social estaría encaminado a servir, a su vez, de mediador entre las políticas sociales y la sociedad a todos sus niveles (comunidad, grupo, individuo).
O sea, existe consenso en reconocer a las políticas sociales como una serie de accionesque desde el poder estatal tratan de satisfacer las necesidades sociales, principalmente de aquellos grupos más necesitados de su acción, expresada fundamentalmente a través de los servicios sociales.
Si analizamos este concepto nos percatamosde que esta práctica social parte del poder de los recursos y la posibilidad hegemónica de utilizarlos allí donde se suponen sean más necesarios.
Esto implica una intervención externa que mantiene el carácter asistencialista del Trabajo Social, al no tener en cuenta las necesidades verdaderamente sentidas y latentes que no siempre se expresan enlas demandas manifiestas.Desde esta posición la acción social adquiere un papel intervensionista, homogéneo y desarticulador de las potencialidades de los sujetos a las que van dirigidas estas políticas.
Las políticas sociales que mantienen esta visión no se convierten en estrategias desarrolladoras que resuelvan algún problema, son simplemente métodos de control social de forma tal que estas situaciones críticas o de riesgo no afecten sobremanera a la sociedad que las potenció.Provocan dependencia de los sujetos a los que está dirigida y, a nuestro entender, falta de compromiso de los agentes encargados de llevarlas a cabo, pues no implican conocimientos e integración con dichos sujetos.Intenta trabajar con sujetos estáticos y aislados del mundo social que promovió esa situación.
Además, están dirigidas a lograr más fragmentación y exclusión que aquella que pretenden solucionar, pues al crear estrategias de solución para problemas de grupos específicos provocan la segmentación de la acción de los agentes sociales con respecto a sus influencias en la sociedad. No solo estigmatizan a estos grupos clasificándolos como: pobres, marginales, problemáticos, de riesgo, familias disfuncionales, etc.,sino que dejan fuera de la acción conjunta de las instituciones y el estado a aquellos grupos que no explicitan demandas materiales o sociales inmediatas pero que presentan otro tipo de necesidades y precisan ser integrados en la construcción autónoma de sus vidas y de la sociedad.
“La noción de políticas sociales entendidas como conjunto de medidas destinadas a asegurar la satisfacción mínima de las necesidades vitales está ligada al desarrollo del Estado de Bienestar. En un Estado Neoliberal conservador las políticas sociales se entienden como conjunto de medidas destinadas a procurar la subsistencia de los grupos excluidos por el funcionamiento del mercado. Es decirque son instrumentos para reducir las situaciones de pobreza”.
A partir de estos criterios se han definido algunos parámetrosque nos pueden servir para juzgar objetivos de las políticas sociales.
Grado de autonomía que otorgan: se refiere a que si las personas tienen o no control sobre los recursos. Autonomía significa que el individuo logre independencia financiera y sea capaz de tomar decisiones sobre su propia vida.
Efectos redistributivos que ejercen: se refiere a las fuentes desde donde se captan los fondos además del destino de los mismos.
Grado de división social que establecen: se refiere al establecimiento de objetivos diferentes para distintos grupos sociales.
Siguiendo esta línea de reflexión se muestraque una de las claves se encuentra en variar nuestro concepto de necesidad y de desarrollo en función de los sujetos sociales a los que se dirige nuestro trabajo profesional.
Euclides Catá en un afán por integrar las definiciones de las diferentes especialistas de América plantea que “Política Social puede ser definida de forma general como el conjunto de objetivos de desarrollo social y de vías para alcanzarlo”
Este concepto más amplio permite cierta movilidad pero con él varía también nuestra visión de desarrollo de la que se presenta en este material al no poder desligar los cambios en la estructura social y en las condiciones de vida de las personas, de las transformaciones en la consciencia de los individuos y sus formas de actividad (que evidentemente incluyen el sistema de relaciones sociales).
Esta nueva visión de desarrollo aparejado a las políticas sociales se integra con fuerza en el trabajo social en su práctica profesional pues “El trabajador social no es quien debe transformar la sociedad. El cambio de estructuras se dará mediante las fuerzas motrices que operan en la sociedad. El profesional tiene la posibilidad, mediante su concientización previa, de utilizar la concientización y otros instrumentos metodológicos, de concientizar a las mayorías oprimidas y promover en ellas una actitud crítica, despertando así el interés por la conquista de sus derechos y que en el fondo son los que inspiran nuestra profesión. En la medida en que realmente se ejercita la praxis, se estará enfrentando el desafío que impone la sociedad y se estará realizando el Trabajo Social que corresponde a nuestro tiempo”.
“Alcanzar crecientes niveles de autonomía requiere no sólo la satisfacción de necesidades vitales sino también el desarrollo de potencialidades y capacidades para tomar decisiones y ejecutar las mismas en relación con la vida personal y social”
Esta reflexión consta también para los trabajadores sociales, los cuales no pueden propiciar crecimiento autónomo y desarrollador sino son dueños siquiera de su profesión.
Bajo estas reflexiones, las políticas sociales se convertirían en estrategias, que más allá de sus objetivos económicos y políticos, tengan un alcance humano, integrando las necesidades sociales y promoviendo el desarrollo, fomentando el uso funcional de los recursos y medios estatales en las alternativas de solución a las contradicciones sociales, valoradas en la participación desde los diferentes agentes y el sujeto social.
Estarán dirigidas a facilitar la integración social de forma tal que no trate de llegar a los excluidos sino que potencie espacios de acción y unión donde todos los grupos, comunidades e individuos se sientan identificados y cercanos, promoviendo, no la solución de problemas sino la reflexión sobre estos de forma tal que: las políticas sociales no dispongan de recursos que entregar sino de medios de acceso a estos, promoviendo potencialidades para tomar decisiones y ejecutarlas en relación con la vida personal y social, valorando al hombre y su espacio inmediato como el principal recurso a desarrollar.
Las políticas sociales deberán articular su acción con los objetivos del Trabajo Social por lo que no pueden seguir pretendiendo influir sobre las estructuras vigentes ni sobre las personas con problemas sino trabajar “sobre las interacciones sociales que son el origen de determinados regímenes de prácticas colectivas característicos de la vida cotidiana”.
De esta forma para explicar la relación de las políticas sociales con la nueva concepción autodesarrolladora de Trabajo Social tenemos que pensar en las políticas sociales como una categoría dialéctica y no histórica, concebida como estrategias sociopolíticas que generen – a decir de Maritza Montero-relaciones permeables entre la comunidad y los agentes sociales, las instituciones, el estado y sus representantes,de modo que las acciones políticas se ajustena las demandas ciudadanasy constituyan realmente la prestación de un servicio social apartándose de la caridad y los parches circunstanciales.
Por tanto si partimos de una reconceptualización del Trabajo Social, consideramos que las políticas sociales también deben tomar otro camino en función de no solo satisfacer demandas y problemáticas sociales sino de potenciar las posibilidades de autonomía y desarrollo de los sujetos sociales marcadas por alternativas de solución que integren los objetivos y recursos que estas políticas sociales puedan poner a su disposición.
Para revertir su práctica y objetivos, creemos que las políticas sociales deben perseguir objetivos específicos:
• Rescatar la diversidad particularizando en correspondencia con las especificidades del sujeto social.
• Abarcar la universalidad por lo que cada vez deberá integrar con más efectividad las necesidades de los individuos, grupos y comunidades con las necesidades del país.
• Lograr una simetría direccional en su concreción de forma tal que se logre una integración y cooperación sujeto social – Estado (institución) empeñados en la autogestión y autodesarrollo individual, comunitario y social.
Esta nueva dirección de las políticas sociales, enmarcadas en un paradigma alternativo, potencian una línea articulatoria del Trabajo social en su quehacer práctico identificando el carácter político de sus acciones y condicionando su necesidad de referente histórico.
Las políticas sociales responden a intereses estatales pero bajo esta nueva relación, ya no se consideraría al Trabajo Social como simple proceso ejecutor que mantiene un estilo de dominación y explotación.
La profesión debe enmarcar la dimensión política de su práctica pues en sentido contrario corre el riesgo de potenciar acciones antipolíticas, que podemos entender por“las prácticas e instituciones que constituyen y refuerzan una mera cooperación, que no es incompatible con la desagregación y con el monopolio de los medios de producción”
Por el contrario “lo político, “ son prácticas (de resistencia, de lucha, de transformación) e instituciones que facilitan y potencian la constitución y reproducción como comunidad de un conglomerado humano particular y diverso". Este sentido que es un sentido popular, condensa, convoca ydesigna de mejor manera, el alcance de la noción política”.
Visto así lo político se constituiría – a decir del mismo autor - enprocesos de autoconstitución donde el poder sirva para acompañar el crecimiento, para fomentar autonomía, no desde la hegemonía sino desde la articulación constructiva desde las diferencias y las singularidades.De esta forma el trabajo social como profesión debe “…concebir, crear y apoyar las estrategias tácticas (políticas sociales) que faciliten en cualquier ámbito la toma del poder popular, en miras de un proyecto social que se base en la satisfacción de las necesidades de las personas y no en la lógica de la acumulación del capital”
Esta posición del Trabajo Social en su desarrollo profesional es relevante para su efectividad en el logro de la emancipación del hombre en la sociedad pues “Desde la perspectiva funcional, el Trabajo Social “no es visto como una profesión que toma decisiones, que participa ‘productivamente’ en la división del trabajo, que define los objetivos generales de las políticas sociales, los recursos a emplear, los beneficiarios de sus acciones, que tiene un dominio general de la realidad, un conocimiento universal sobre lo social. Por lo contrario... es identificado... como una profesión que ejecuta las decisiones de otros (los ‘políticos’), que conoce la realidad social a través de la mirada de los otros (los ‘cientistas sociales’) y que asiste a las poblaciones carentes, pero como auxiliar de otros profesionales”.
Reflexiones válidas para nuestros agentes sociales, profesionales del Trabajo para la acción social potenciadora de crecimiento personal, los que tratando de huir del asistencialismo que ha marcado la práctica social - por responder
(muchas veces sin saberlo) a los intereses del poder- se han refugiado en el otro extremo al querer desligarse de todo compromiso político sin comprender que “la política está en el centro de toda actividad colectiva, formal e informal, pública y privada, en todos los grupos humanos, instituciones y sociedades, no sólo en algunos de ellos”(Leftwich), y que por tanto los profesionales del Trabajo Social son sujetos políticos tanto como aquellos sujetos sociales que requieren de esta acción.
A decir de Freddy Esquivel, “Los trabajadores y trabajadoras sociales conservadoras(es), han negado y renegado la necesidad de que el Trabajo Social sea claramente identificado como un elemento de participación política o antipolítico”por un infundido temor a partidizar su práctica lo que se convierte en un error histórico engendrado por visiones epistemológicas y metodológicas fragmentadas.
En general, las políticas sociales intervienen como uno de los ejes del Trabajo Social y mediadoras entre la comunidad, los grupos y sujetos individuales y las instituciones sociales y el Estado pero para asegurar una posición de autogestión y crecimiento se deben modificar los referentes epistemológicos que orienta la visión acerca de la sociedad y del hombre lo que definiría nuevas posiciones jerárquicas, reglas organizacionales y oportunidades.
Esta visión sociopolítica del Trabajo Social, precisa que se transformen también las representaciones sociales y académicas acerca de conceptos tales como poder y control, cambio, y estabilidad social, actores y agentes sociales, dan un vuelco poniéndose en función de una concepción revitalizadora y propia.
Para dicha reflexión se deben encontrar los supuestos epistemológicos que validan la necesidad del cambio conceptual.Y creemos encontrarlos en la dirección subjetiva que se le impregna al trabajo social bajo el principio de autodesarrollo.
Como hemos analizado, los cambios fundamentales en los conceptos de trabajo y política social seenmarcan en sus objetivos básicos y estos se organizan en función del paradigma que defina la acción.
Enmarcados en un mundo positivista con intenciones confirmatorias y manipuladoras de la realidad, sirviendo a intereses políticos opresivos y explotadores, las políticas sociales estuvieron destinadas a mantener el sistema social imperante al igual que el trabajo social y no a representar los intereses de la sociedad, promoviendo desarrollo desde los sujetos, desde sus potencialidades personológicasen vez de buscar progreso a partir de la producción y el consumo que discrimina, con sus escasas posibilidades de acceso a una gran parte de la humanidad.
Es entendible que el Trabajo Social en su intento de constituirse como una disciplina haya tomado “prestados” postulados y conceptos de otras ciencias marcadas también por la práctica ahistórica y universalista del positivismo.
En la concepción transformadora de Trabajo Social que asumimos el sujeto y laparticularidad específica de su experiencia ocupa un lugar central, siendo relevantes las condiciones socioeconómicas y políticas donde se inserta “En sí, el que hacer disciplinar lleva implícito un carácter político, en la medida que la producción de conocimiento se pretende dar a conocer, buscando incidir de alguna forma en la realidad social. El interés ideológico que impregna la investigación deja vislumbrar la postura con que se realizó, la cual también se puede señalar entre lo funcional y lo crítico. Así, una de las necesidades de investigar en Trabajo Social radica en que “la transformación de la realidad sólo es posible si se tiene un conocimiento verdadero de las leyes objetivas que la rigen”
Esta variación académica privilegia, entonces, en las políticas sociales, la localidad en el logro de su efectividad, no por esto dejando de ser universales, ni malogrando la posibilidad de sistematización y producción de conocimiento científico
Así nos percatamos de la estrecha interrelación entre políticas sociales y trabajo social.Del éxito de esta relación depende la efectividad de una u otro pues para lograr su máxima concreción en los grupos, comunidades e individuos, se necesitan ambos en un vínculo multidireccional (pues se conjugan con otros muchos procesos y fenómenos: ambiente, vida cotidiana, desarrollo personológico, cultura, etc.) y se guían por los mismos principios rectores desde el punto de vista disciplinar y/o práctico.
En este sentido se pueden señalar 4 temas comúnmente relacionados con la actividad disciplinar en Trabajo Social:
-La “cuestión social” o los problemas sociales, que hacen referencia a la realidad sobre la cual el profesional desempeña su intervención.
-Las relaciones sociales de bienestar, que hacen posible la demanda del Trabajador Social. Asistencia social, política social, autogestión, bienestar social laboral y seguridad social.
-El Desarrollo social, referido a la búsqueda de progreso y felicidad, a las alternativas de sociedad, al logro de mejores condiciones sociales y calidad de vida.
-El Trabajo Social, la indagación sobre la misma profesión, sobre su surgimiento, historia, epistemología; sobre su práctica profesional. Entender, ubicar y orientar el Trabajo Social hace parte del interés sobre este tema.
Este conjunto de temas nos muestra que el trabajo social va más allá de la estructura y funciones de las políticas sociales pero el carácter institucional de estas últimas precisa su conjugación efectiva para un desarrollo positivo de todas las esferas de la sociedad
La especificación de la concepción práctica y conceptual de política social no solo permite una organización de la praxis profesional en el trabajo social, sino que es un paso más en la consolidación de su avance disciplinar que le permite acercarse a la construcción del trabajo social como ciencia.
Este último ha sido visto con frecuencia como una metodología de intervención de las ciencias sociales, marcado por la práctica y carácter eminentemente funcional.En este sentido su alcance dependía del modelo teórico de la ciencia que lo respaldara.
En sus intentos de independizarse como y constituirse como una disciplina le ha costado superar el lastre del practicismo, dificultándose la generación de conocimiento científico.Así el Trabajo Social no ha logrado derivar teoría de la experiencia práctica, los intentos de sistematización de éstas no han trascendido en la producción de conocimientos propios. Se ha mantenido alimentándose de teorías y ciencias diversas lo que ha provocado que su cotidianidad sea difusa e incoherente, manteniendo viejas formas de pensar y hacer, que no responden a las necesidades crecientes de aquellos que precisan sus acciones y de los profesionales empeñados en esta tarea.
Por esto la reconceptualización del Trabajo Social y la definición de conceptos que contribuyan a precisar la configuración su objeto de estudio y principios básicos que guíen la acción hará más efectivo su desarrollo teórico y práctico, por lo que es preciso rescatar, de sus antiguos referentes y esquemas teórico - metodológicos lo esencialdesde un análisis constante y crítico de la profesión.
La mayoría de los conceptos con los que inicia su trabajo este campo, han sido extrapolados del resto de las ciencias que le han prestado por mucho tiempo, referentes epistemológicos, teóricos y metodológicos que sesgan las interpretaciones de la realidad al tratar de comprenderla desde estas nociones y no desde la diversidad y riqueza social que caracteriza la realidad donde se desempeña ese trabajo.
El acceso a las políticas sociales nos brinda diversas configuraciones vistas desde diferentes ramas como la psicología, la sociología, la antropología pero se necesita para desarrollar al hombre nuevo con el que también soñamos los profesionales sociales, tener una visión de la totalidad social, con amplitud para validar la realidad y no la forma de estudiarla.
Un ejemplo que destaca la aparente contradicción generada entre trabajo social y políticas sociales, expresada en el plano profesional y académico nos los muestraAquin al determinar los planos básicos del trabajo social que marcan su efectividad y denotan la visión epistemológica desde la cual se implementa:
1.La lucha por establecer o por negar el estatuto público de una necesidad dada, esto es, la lucha por validar la necesidad como un asunto de legítima preocupación política o por clasificarlo como un tema no político.
2.La lucha por la interpretación de la necesidad, la lucha por el poder definirla y así determinar cómo satisfacerla.
3.Si estos dos momentos de la lucha –por otorgar un estatuto político a la necesidad y por su interpretación- se resuelven favorablemente, recién entonces nos encontramos frente al momento de la asignación de los recursos.
Comprensible la validación que nos propone esta autora de las realidad social ante el discurso político; lo que decimos en nuestras reflexiones es que la renovada visión del trabajo social nos abre el camino para la integración de estos discursos en las políticas sociales expresado en la participación y en el carácter emancipatorio de las relaciones y el crecimiento social.
Se debe responder auna disciplina científica construida histórica y críticamente respondiendo a los intereses populares como objetivo principal.
Por último nos parece necesario destacar la relevancia e influencia de estas ideas en el plano curricular tema controvertido que en nuestro país ha matizado muchos encuentros y desencuentros.
Es imprescindible crear, en base a estas reflexiones, un profesional comprometido con la sociedad su desarrollo y no con los objetivos políticos de determinado sistema social, siempre y cuando este no responda a los intereses de los individuos.Un agente comprometido con la libertad y dignificación del hombre, comprometido ideológicamente de forma tal que calibre en su exacta dimensión las políticas sociales de su sociedad.
La formación de nuestros trabajadores sociales debe tener en cuenta la necesidad de ganarse un espacio profesional y este objetivo en buena medida está condicionado por la educación que puedan recibir el resto de los agentes sociales (encargados de establecer e implementar las políticas sociales).De esta forma el trabajador social como facilitador del ejercicio social está dirigido a toda la sociedad y no solo a los grupos y comunidades designados por los intereses estatales.
Otro aspecto relevante es la integración que debe confluir en el trabajador social del poder social, disuelto en la práctica científica y concentrado en el plano político, por lo que la mayoría de las veces nos movemos en situaciones emergentes, no avaladas suficientemente por el conocimiento y la praxis social necesaria o viceversa: las políticas sociales desconocen la necesaria inserción en algún recodo del escenario social.
Una estrecha relación de las acciones sociopolíticas con los basamentos del trabajo social y su redefinición conceptual y práctica definirá un movimiento dialéctico y desarrollador en nuestras sociedades contemporáneas.
Conoce la picada más famosa y tradicional de Santiago...
Cuando se habla del Terremoto, la chicha, el pernil y el arrollado, se sabe que estas preparaciones son marca registrada de La Piojera, quizás, la picada más famosa de Chile.
Según cuenta la historia, fue en 1922 cuando a una autoridad de la época se le ocurrió invitar a un lugar conocido de Santiago al ex presidente Arturo Alessandri Palma. Cuando Alessandri ingresó y vio todo lleno de trabajadores, exclamó: "¿y a esta piojera que me han traído?, y desde ahí lleva este nombre.
La Piojera ha logrado no sólo ser conocida como una picada, sino que además se ha convertido década tras década, en un lugar de encuentro social que ha sido testigo de cambios políticos y culturales en la capital, pero que ha sabido mantener inquebrantable su tradición y, por qué no decirlo también, la magia que se vive en su interior.
Desde esa época ha cobijado a obreros, trabajadores, oficinistas, estudiantes, políticos y gente de televisión, así como también se ha convertido en centro de eventos culturales, lanzamientos de candidaturas políticas y otras manifestaciones relacionadas con nuestro espíritu nacional.
Este local ha sabido dar espacio a un amplio público, por lo que a todos les queda claro que la intolerancia y la discriminación, son conceptos que en La Piojera se conocen sólo de la puerta hacia fuera.
Hoy es la tercera generación de la familia Benedetti la que administra La Piojera con las mismas ganas y fuerzas de su fundador, Carlos Benedetti Pini, quien luego de trabajar en una tienda de curtiembre en la calle Puente, tuvo la oportunidad de comprar el local donde hoy sigue atendiendo este popular bar criollo, cuyo edificio data de 1850.
Su actual dueño, don Hubert Bernatz Benedetti de 52 años, nieto de don Carlos, junto a dos tías de la familia, las que ya sobrepasaron los 80 años de edad, se encargan de mantener viva a La Piojera, responsabilidad que en gran medida se debe también al público que la visita constantemente.
En medio de la agitada jornada diaria de La Piojera, en donde siempre hay público y la conversación en voz alta recuerda que a este lugar el silencio y el aburrimiento no están invitados, nos recibe su dueño para conversar sobre cómo ha logrado un lugar como éste sobrevivir a los cambios que se suceden en toda capital. "Creo y estoy seguro que La Piojera se ha mantenido en el tiempo gracias a esa magia especial que tiene. Es su ambiente, el espacio, el público que viene acá, no sé. Cuando pasas el umbral de la puerta, entras a otra época, te reciben las banderas chilenas. Esto en el fondo es una quinta de recreo, en donde público de todo tipo viene a comer o tomar algo y pasar un rato agradable conversando. Todo el día hay un dúo de músicos que interpreta canciones desde cuecas hasta rancheras, de lo que quiera la gente", señala entusiasmado nuestro entrevistado, cuando vemos pasar a un apresurado garzón con varios "patos" llenos de ese néctar famoso que según Bernatz, no hay mejor que el que se hace en La Piojera: el famoso Terremoto.
Pero si "El Terremoto" es lo primero que se nos viene a la mente cuando hablamos de La Piojera, una característica que también podría recordarse de inmediato si alguna vez se ha estado acá es la tolerancia, ya que a muchos puede asombrarles el ver la diversidad de público que se da cita en muchas ocasiones en este local. "Hemos sido visitados por cinco presidentes: Arturo Alessandri, Ríos, Allende y los dos Frei. Además han venido Lavín junto a Trivelli a celebrar acá el 21 de mayo del año pasado, el actual alcalde de Santiago, también Nelson Ávila, quien lanzó aquí su candidatura al Senado, los amigos del movimiento Guachaca liderados por Dióscoro Rojas, quienes declararon a La Piojera, Monumento Sentimental, y al mismo tiempo hay gente de trabajo, estudiantes y abuelos que nos visitan. El público es muy variado", comenta Bernatz.
El futuro no es incierto para el dueño de este rincón nacional en el corazón de Santiago, quien sabe que La Piojera aún no tiene fecha de vencimiento y que su ambiente y concepto seguirán manteniéndose incólumes. "El negocio sigue hasta cuando no dé más. Imagínate que ahora mis hijos que están en la universidad ya se están impregnando de este local. Cuando pueden vienen a ayudarnos a atender, lo que significa que la cuarta generación de la familia seguirá dándole vida a La Piojera. Queremos que siga así. No son necesarios los cambios, ni tenemos pensado hacer nada que dañe la esencia de este lugar", enfatiza el nieto y dueño de La Piojera.
Asi pasan los años y La Piojera esta cada día más vital que nunca, sin siquiera tener la intención de desaparecer, haciendo caso omiso al brusco cambio que se va provocando en la ciudad y en la sociedad, más bien recibiendo con los brazos abiertos a todos aquellos que buscan lugares sencillos, agradables, tolerantes, no importando la edad ni la condición social, porque en La Piojera, Santiago y sus tradiciones aún respiran.
Por William Sanzana C. Fotos: Felipe Cantillana R.