Objetivos · Conocer los principales conceptos, valores, modelos teóricos y métodos relativos al Trabajo Social Comunitario. · Aproximarse a los debates existentes acerca del Trabajo social comunitario y las diversas estrategias de intervención social. · Comprender la dimensión comunitaria como integradora de las dimensiones individuales y grupales de la intervención del trabajo social. · Relacionar la teoría y la práctica del Trabajo social comunitario como un proceso de retroalimentación continuo . · Conocer y adquirir habilidades profesionales y técnicas adecuadas para el manejo de las metodologías intervención comunitaria.
PARTE I. FUNDAMENTOS TEÓRICOS Y METODOLÓGICOS DEL TRABAJO SOCIAL COMUNITARIO
MÓDULO 1: Construcción teórico-conceptual del Trabajo social comunitario. El Trabajo social comunitario como proceso organizativo para promover un proyecto de desarrollo social y como práctica organizada para implicar a las poblaciones en la mejora de sus condiciones de vida.
MÓDULO 2: Orígenes y desarrollo del trabajo social comunitario. De las utopías renacentistas a la situación actual.
MÓDULO 3: Objetivos y beneficios del Trabajo social comunitario. El desarrollo social como objetivo. Beneficios del Trabajo social comunitario: dimensión cultural /simbólica; dimensión relacional; dimensión educativa; dimensión política. La participación comunitaria como elemento definitorio del Trabajo social comunitario. Concepto y justificación de la participación. Requisitos de la participación. Enfoques de la participación en el Trabajo social comunitario. Acción colectiva y participación social. Manifestaciones de la participación: el asociacionismo, el voluntariado social.
MÓDULO 4. Ética y valores en el Trabajo social comunitario. Cualidades, disposiciones y estilos del trabajador social comunitario. Las experiencias organizativas como fuente de capacitación. Cambiar nosotros, cambiar el mundo. Proximidad e influencia del trabajador comunitario. Roles y funciones del trabajador comunitario. La intensidad de la intervención y la presencia del trabajador social comunitario.
MÓDULO 5. Métodos, técnicas e instrumentos en Trabajo social comunitario. Conocimiento global del campo de acción profesional. Interpretación de datos, plan de trabajo, ejecución y evaluación. Técnicas más utilizadas en Trabajo social comunitario. La observación participante. La entrevista en profundidad. Redes sociales. La investigación-acción participativa. Técnicas grupales.
PARTE II. INTERVENCIÓN COMUNITARIA
MÓDULO 6. Crear y sostener la comunidad. Diagnóstico profesional. Inmersión en el espacio social en el que hay que intervenir. Sincronizar y conocer desde el principio. Delimitar el espacio a conocer. La interpretación de cara a la acción (el diagnóstico profesional). La definición del proyecto de intervención y la actuación estratégica. Diseño de programas y proyectos de desarrollo comunitario. Partes de un programa o proyecto. Estudio preliminar de la zona. La recogida de información. Valoración, diagnóstico y autodiagnóstico. El proceso de planificación. La administración del programa o proyecto. La evolución del programa o proyecto de desarrollo comunitario. Desarrollo de proyectos sociales de intervención profesional en Trabajo social comunitario. Contextos de la intervención comunitaria: Lo global y lo local.
MÓDULO 7. Análisis de casos.
Sistema de evaluación Opción A. Examen escrito tipo test, respuesta breve o tema a desarrollar en la convocatoria oficial. Opción B. Evaluación continua con pruebas objetivas, semiobjetivas, resolución de problemas, ensayos, etc.
Bibliografía básica ANDER-EGG, E. (2006): Metodologías de acción social. Jaén, Universidad de Jaén. BARBERO FERRAN CORTES, J. M. (2005): Trabajo comunitario, organización y desarrollo social. Madrid, Alianza Editorial FERNÁNDEZ GARCÍA, T. (2008): Trabajo social comunitario: afrontando juntos los desafíos del siglo XXI. Madrid, Alianza Editorial. HOMBRADOS MENDIETA, Mª. I. (coor) (2006): Intervención social comunitaria. Málaga, Ediciones Aljibe. MALAGON BERNAL, J. L. (1999): Fundamentos del Trabajo social comunitario. Sevilla, Aconcagua Libros, pág181 a196.
Bibliografía complementaria CEMBRANOS, F. Y MEDINA, J. A. (2003): Grupos inteligentes. Teoría y práctica del trabajo en equipo. Madrid, Editora Popular. GRACIA FUSTER, E. (1998): El apoyo social en la intervención comunitaria. Barcelona, Ed. Piados. SÉLLER, S. (1975): El vecindario, una perspectiva sociológica. Madrid, Siglo XXI: LILLO, N. Y ROSELLÓ, E. (2001): Manual para el Trabajo Social Comunitario, Madrid, ed. Narcea. MARCHIONI, M. (coord.) (2001): Comunidad y Cambio Social. Teoría y praxis de la acción comunitaria, Madrid, Ed. Popular. (1998): Planificación social y organización de la comunidad, Madrid, Ed. Popular. NAVARRO, S. (2004): Redes sociales y construcción comunitaria. Creando (con) textos para una acción ecológica. Madrid, Editorial CCS. PALOMERO, A. R. (2007): Paradojas entre la promoción social y los servicios sociales. El servicio socioeducativo para adultos en Can Torner. Barcelona, Gedisa. ROBERTIS, C. Y PASCAL, H. (1994): La intervención colectiva en trabajo social, Buenos Aires, Ed. Ateneo. SANCHEZ, A. (2000): La Participación. Metodología y práctica, Madrid, Ed. Popular. VILLASANTE, R. (1984): Comunidades locales. Análisis. Movimientos sociales alternativos. Madrid, IEAL. VILLASANTE, T. R. (1998): Cuatro redes para mejor vivir (1). Del desarrollo local a las redes para mejor vivir. Buenos Aires, Lumer, Humanitas.
A la luz de un nuevo milenio, de cara a las nuevas concepciones que ha producido la reconceptualización en el Trabajo Social como profesión, y en su afán de convertirse en una disciplina científica que guíe la praxis profesional, es válido valorar nuevamente la relación entre las categorías Trabajo Social y Política Social y sobre todo su vínculo en un sistema diferente, que persigue la libertad y dignificación del hombre. En el trabajo se plantea la necesidad de que las políticas sociales se convertirían en estrategias, que más allá de sus objetivos económicos y políticos, tengan un alcance humano, integrando las necesidades sociales y promoviendo el desarrollo, fomentando el uso funcional de los recursos y medios estatales en las alternativas de solución a las contradicciones sociales, valoradas en la participación desde los diferentes agentes y el sujeto social.
Vamos a entender el Trabajo Social ya no como una acción organizada e institucionalizada para modificar el medio social y mejorar las condiciones de vida que resultan negativas o perjudiciales para ciertos grupos, sino como una profesión (solo hasta el momento)encargada de potenciar la concientización y expresión de las contradiccionesy necesidades sociales y educar, en una práctica transformadora, las posibilidades de solución a través de la vida activa y constructiva del hombre y la sociedad.
El Trabajo Social basado en el principio de autodesarrollo promueve la participación y cooperación en la potenciación de la realidad y el crecimiento hacia estadios superiores de integración social en pos de la satisfacción de necesidades sociales.
Y en este sentido también cambia nuestra concepción de Política Social; la cual se aleja de verla solo como“… estrategias, trazadas por el estado, que ponen en relación las necesidades y los recursos sociales”, o “La noción de políticas sociales entendidas como conjunto de medidas destinadas a asegurar la satisfacción mínima de las necesidades vitales está ligada al desarrollo del Estado de Bienestar”.En este concepto el Trabajo social estaría encaminado a servir, a su vez, de mediador entre las políticas sociales y la sociedad a todos sus niveles (comunidad, grupo, individuo).
O sea, existe consenso en reconocer a las políticas sociales como una serie de accionesque desde el poder estatal tratan de satisfacer las necesidades sociales, principalmente de aquellos grupos más necesitados de su acción, expresada fundamentalmente a través de los servicios sociales.
Si analizamos este concepto nos percatamosde que esta práctica social parte del poder de los recursos y la posibilidad hegemónica de utilizarlos allí donde se suponen sean más necesarios.
Esto implica una intervención externa que mantiene el carácter asistencialista del Trabajo Social, al no tener en cuenta las necesidades verdaderamente sentidas y latentes que no siempre se expresan enlas demandas manifiestas.Desde esta posición la acción social adquiere un papel intervensionista, homogéneo y desarticulador de las potencialidades de los sujetos a las que van dirigidas estas políticas.
Las políticas sociales que mantienen esta visión no se convierten en estrategias desarrolladoras que resuelvan algún problema, son simplemente métodos de control social de forma tal que estas situaciones críticas o de riesgo no afecten sobremanera a la sociedad que las potenció.Provocan dependencia de los sujetos a los que está dirigida y, a nuestro entender, falta de compromiso de los agentes encargados de llevarlas a cabo, pues no implican conocimientos e integración con dichos sujetos.Intenta trabajar con sujetos estáticos y aislados del mundo social que promovió esa situación.
Además, están dirigidas a lograr más fragmentación y exclusión que aquella que pretenden solucionar, pues al crear estrategias de solución para problemas de grupos específicos provocan la segmentación de la acción de los agentes sociales con respecto a sus influencias en la sociedad. No solo estigmatizan a estos grupos clasificándolos como: pobres, marginales, problemáticos, de riesgo, familias disfuncionales, etc.,sino que dejan fuera de la acción conjunta de las instituciones y el estado a aquellos grupos que no explicitan demandas materiales o sociales inmediatas pero que presentan otro tipo de necesidades y precisan ser integrados en la construcción autónoma de sus vidas y de la sociedad.
“La noción de políticas sociales entendidas como conjunto de medidas destinadas a asegurar la satisfacción mínima de las necesidades vitales está ligada al desarrollo del Estado de Bienestar. En un Estado Neoliberal conservador las políticas sociales se entienden como conjunto de medidas destinadas a procurar la subsistencia de los grupos excluidos por el funcionamiento del mercado. Es decirque son instrumentos para reducir las situaciones de pobreza”.
A partir de estos criterios se han definido algunos parámetrosque nos pueden servir para juzgar objetivos de las políticas sociales.
Grado de autonomía que otorgan: se refiere a que si las personas tienen o no control sobre los recursos. Autonomía significa que el individuo logre independencia financiera y sea capaz de tomar decisiones sobre su propia vida.
Efectos redistributivos que ejercen: se refiere a las fuentes desde donde se captan los fondos además del destino de los mismos.
Grado de división social que establecen: se refiere al establecimiento de objetivos diferentes para distintos grupos sociales.
Siguiendo esta línea de reflexión se muestraque una de las claves se encuentra en variar nuestro concepto de necesidad y de desarrollo en función de los sujetos sociales a los que se dirige nuestro trabajo profesional.
Euclides Catá en un afán por integrar las definiciones de las diferentes especialistas de América plantea que “Política Social puede ser definida de forma general como el conjunto de objetivos de desarrollo social y de vías para alcanzarlo”
Este concepto más amplio permite cierta movilidad pero con él varía también nuestra visión de desarrollo de la que se presenta en este material al no poder desligar los cambios en la estructura social y en las condiciones de vida de las personas, de las transformaciones en la consciencia de los individuos y sus formas de actividad (que evidentemente incluyen el sistema de relaciones sociales).
Esta nueva visión de desarrollo aparejado a las políticas sociales se integra con fuerza en el trabajo social en su práctica profesional pues “El trabajador social no es quien debe transformar la sociedad. El cambio de estructuras se dará mediante las fuerzas motrices que operan en la sociedad. El profesional tiene la posibilidad, mediante su concientización previa, de utilizar la concientización y otros instrumentos metodológicos, de concientizar a las mayorías oprimidas y promover en ellas una actitud crítica, despertando así el interés por la conquista de sus derechos y que en el fondo son los que inspiran nuestra profesión. En la medida en que realmente se ejercita la praxis, se estará enfrentando el desafío que impone la sociedad y se estará realizando el Trabajo Social que corresponde a nuestro tiempo”.
“Alcanzar crecientes niveles de autonomía requiere no sólo la satisfacción de necesidades vitales sino también el desarrollo de potencialidades y capacidades para tomar decisiones y ejecutar las mismas en relación con la vida personal y social”
Esta reflexión consta también para los trabajadores sociales, los cuales no pueden propiciar crecimiento autónomo y desarrollador sino son dueños siquiera de su profesión.
Bajo estas reflexiones, las políticas sociales se convertirían en estrategias, que más allá de sus objetivos económicos y políticos, tengan un alcance humano, integrando las necesidades sociales y promoviendo el desarrollo, fomentando el uso funcional de los recursos y medios estatales en las alternativas de solución a las contradicciones sociales, valoradas en la participación desde los diferentes agentes y el sujeto social.
Estarán dirigidas a facilitar la integración social de forma tal que no trate de llegar a los excluidos sino que potencie espacios de acción y unión donde todos los grupos, comunidades e individuos se sientan identificados y cercanos, promoviendo, no la solución de problemas sino la reflexión sobre estos de forma tal que: las políticas sociales no dispongan de recursos que entregar sino de medios de acceso a estos, promoviendo potencialidades para tomar decisiones y ejecutarlas en relación con la vida personal y social, valorando al hombre y su espacio inmediato como el principal recurso a desarrollar.
Las políticas sociales deberán articular su acción con los objetivos del Trabajo Social por lo que no pueden seguir pretendiendo influir sobre las estructuras vigentes ni sobre las personas con problemas sino trabajar “sobre las interacciones sociales que son el origen de determinados regímenes de prácticas colectivas característicos de la vida cotidiana”.
De esta forma para explicar la relación de las políticas sociales con la nueva concepción autodesarrolladora de Trabajo Social tenemos que pensar en las políticas sociales como una categoría dialéctica y no histórica, concebida como estrategias sociopolíticas que generen – a decir de Maritza Montero-relaciones permeables entre la comunidad y los agentes sociales, las instituciones, el estado y sus representantes,de modo que las acciones políticas se ajustena las demandas ciudadanasy constituyan realmente la prestación de un servicio social apartándose de la caridad y los parches circunstanciales.
Por tanto si partimos de una reconceptualización del Trabajo Social, consideramos que las políticas sociales también deben tomar otro camino en función de no solo satisfacer demandas y problemáticas sociales sino de potenciar las posibilidades de autonomía y desarrollo de los sujetos sociales marcadas por alternativas de solución que integren los objetivos y recursos que estas políticas sociales puedan poner a su disposición.
Para revertir su práctica y objetivos, creemos que las políticas sociales deben perseguir objetivos específicos:
• Rescatar la diversidad particularizando en correspondencia con las especificidades del sujeto social.
• Abarcar la universalidad por lo que cada vez deberá integrar con más efectividad las necesidades de los individuos, grupos y comunidades con las necesidades del país.
• Lograr una simetría direccional en su concreción de forma tal que se logre una integración y cooperación sujeto social – Estado (institución) empeñados en la autogestión y autodesarrollo individual, comunitario y social.
Esta nueva dirección de las políticas sociales, enmarcadas en un paradigma alternativo, potencian una línea articulatoria del Trabajo social en su quehacer práctico identificando el carácter político de sus acciones y condicionando su necesidad de referente histórico.
Las políticas sociales responden a intereses estatales pero bajo esta nueva relación, ya no se consideraría al Trabajo Social como simple proceso ejecutor que mantiene un estilo de dominación y explotación.
La profesión debe enmarcar la dimensión política de su práctica pues en sentido contrario corre el riesgo de potenciar acciones antipolíticas, que podemos entender por“las prácticas e instituciones que constituyen y refuerzan una mera cooperación, que no es incompatible con la desagregación y con el monopolio de los medios de producción”
Por el contrario “lo político, “ son prácticas (de resistencia, de lucha, de transformación) e instituciones que facilitan y potencian la constitución y reproducción como comunidad de un conglomerado humano particular y diverso". Este sentido que es un sentido popular, condensa, convoca ydesigna de mejor manera, el alcance de la noción política”.
Visto así lo político se constituiría – a decir del mismo autor - enprocesos de autoconstitución donde el poder sirva para acompañar el crecimiento, para fomentar autonomía, no desde la hegemonía sino desde la articulación constructiva desde las diferencias y las singularidades.De esta forma el trabajo social como profesión debe “…concebir, crear y apoyar las estrategias tácticas (políticas sociales) que faciliten en cualquier ámbito la toma del poder popular, en miras de un proyecto social que se base en la satisfacción de las necesidades de las personas y no en la lógica de la acumulación del capital”
Esta posición del Trabajo Social en su desarrollo profesional es relevante para su efectividad en el logro de la emancipación del hombre en la sociedad pues “Desde la perspectiva funcional, el Trabajo Social “no es visto como una profesión que toma decisiones, que participa ‘productivamente’ en la división del trabajo, que define los objetivos generales de las políticas sociales, los recursos a emplear, los beneficiarios de sus acciones, que tiene un dominio general de la realidad, un conocimiento universal sobre lo social. Por lo contrario... es identificado... como una profesión que ejecuta las decisiones de otros (los ‘políticos’), que conoce la realidad social a través de la mirada de los otros (los ‘cientistas sociales’) y que asiste a las poblaciones carentes, pero como auxiliar de otros profesionales”.
Reflexiones válidas para nuestros agentes sociales, profesionales del Trabajo para la acción social potenciadora de crecimiento personal, los que tratando de huir del asistencialismo que ha marcado la práctica social - por responder
(muchas veces sin saberlo) a los intereses del poder- se han refugiado en el otro extremo al querer desligarse de todo compromiso político sin comprender que “la política está en el centro de toda actividad colectiva, formal e informal, pública y privada, en todos los grupos humanos, instituciones y sociedades, no sólo en algunos de ellos”(Leftwich), y que por tanto los profesionales del Trabajo Social son sujetos políticos tanto como aquellos sujetos sociales que requieren de esta acción.
A decir de Freddy Esquivel, “Los trabajadores y trabajadoras sociales conservadoras(es), han negado y renegado la necesidad de que el Trabajo Social sea claramente identificado como un elemento de participación política o antipolítico”por un infundido temor a partidizar su práctica lo que se convierte en un error histórico engendrado por visiones epistemológicas y metodológicas fragmentadas.
En general, las políticas sociales intervienen como uno de los ejes del Trabajo Social y mediadoras entre la comunidad, los grupos y sujetos individuales y las instituciones sociales y el Estado pero para asegurar una posición de autogestión y crecimiento se deben modificar los referentes epistemológicos que orienta la visión acerca de la sociedad y del hombre lo que definiría nuevas posiciones jerárquicas, reglas organizacionales y oportunidades.
Esta visión sociopolítica del Trabajo Social, precisa que se transformen también las representaciones sociales y académicas acerca de conceptos tales como poder y control, cambio, y estabilidad social, actores y agentes sociales, dan un vuelco poniéndose en función de una concepción revitalizadora y propia.
Para dicha reflexión se deben encontrar los supuestos epistemológicos que validan la necesidad del cambio conceptual.Y creemos encontrarlos en la dirección subjetiva que se le impregna al trabajo social bajo el principio de autodesarrollo.
Como hemos analizado, los cambios fundamentales en los conceptos de trabajo y política social seenmarcan en sus objetivos básicos y estos se organizan en función del paradigma que defina la acción.
Enmarcados en un mundo positivista con intenciones confirmatorias y manipuladoras de la realidad, sirviendo a intereses políticos opresivos y explotadores, las políticas sociales estuvieron destinadas a mantener el sistema social imperante al igual que el trabajo social y no a representar los intereses de la sociedad, promoviendo desarrollo desde los sujetos, desde sus potencialidades personológicasen vez de buscar progreso a partir de la producción y el consumo que discrimina, con sus escasas posibilidades de acceso a una gran parte de la humanidad.
Es entendible que el Trabajo Social en su intento de constituirse como una disciplina haya tomado “prestados” postulados y conceptos de otras ciencias marcadas también por la práctica ahistórica y universalista del positivismo.
En la concepción transformadora de Trabajo Social que asumimos el sujeto y laparticularidad específica de su experiencia ocupa un lugar central, siendo relevantes las condiciones socioeconómicas y políticas donde se inserta “En sí, el que hacer disciplinar lleva implícito un carácter político, en la medida que la producción de conocimiento se pretende dar a conocer, buscando incidir de alguna forma en la realidad social. El interés ideológico que impregna la investigación deja vislumbrar la postura con que se realizó, la cual también se puede señalar entre lo funcional y lo crítico. Así, una de las necesidades de investigar en Trabajo Social radica en que “la transformación de la realidad sólo es posible si se tiene un conocimiento verdadero de las leyes objetivas que la rigen”
Esta variación académica privilegia, entonces, en las políticas sociales, la localidad en el logro de su efectividad, no por esto dejando de ser universales, ni malogrando la posibilidad de sistematización y producción de conocimiento científico
Así nos percatamos de la estrecha interrelación entre políticas sociales y trabajo social.Del éxito de esta relación depende la efectividad de una u otro pues para lograr su máxima concreción en los grupos, comunidades e individuos, se necesitan ambos en un vínculo multidireccional (pues se conjugan con otros muchos procesos y fenómenos: ambiente, vida cotidiana, desarrollo personológico, cultura, etc.) y se guían por los mismos principios rectores desde el punto de vista disciplinar y/o práctico.
En este sentido se pueden señalar 4 temas comúnmente relacionados con la actividad disciplinar en Trabajo Social:
-La “cuestión social” o los problemas sociales, que hacen referencia a la realidad sobre la cual el profesional desempeña su intervención.
-Las relaciones sociales de bienestar, que hacen posible la demanda del Trabajador Social. Asistencia social, política social, autogestión, bienestar social laboral y seguridad social.
-El Desarrollo social, referido a la búsqueda de progreso y felicidad, a las alternativas de sociedad, al logro de mejores condiciones sociales y calidad de vida.
-El Trabajo Social, la indagación sobre la misma profesión, sobre su surgimiento, historia, epistemología; sobre su práctica profesional. Entender, ubicar y orientar el Trabajo Social hace parte del interés sobre este tema.
Este conjunto de temas nos muestra que el trabajo social va más allá de la estructura y funciones de las políticas sociales pero el carácter institucional de estas últimas precisa su conjugación efectiva para un desarrollo positivo de todas las esferas de la sociedad
La especificación de la concepción práctica y conceptual de política social no solo permite una organización de la praxis profesional en el trabajo social, sino que es un paso más en la consolidación de su avance disciplinar que le permite acercarse a la construcción del trabajo social como ciencia.
Este último ha sido visto con frecuencia como una metodología de intervención de las ciencias sociales, marcado por la práctica y carácter eminentemente funcional.En este sentido su alcance dependía del modelo teórico de la ciencia que lo respaldara.
En sus intentos de independizarse como y constituirse como una disciplina le ha costado superar el lastre del practicismo, dificultándose la generación de conocimiento científico.Así el Trabajo Social no ha logrado derivar teoría de la experiencia práctica, los intentos de sistematización de éstas no han trascendido en la producción de conocimientos propios. Se ha mantenido alimentándose de teorías y ciencias diversas lo que ha provocado que su cotidianidad sea difusa e incoherente, manteniendo viejas formas de pensar y hacer, que no responden a las necesidades crecientes de aquellos que precisan sus acciones y de los profesionales empeñados en esta tarea.
Por esto la reconceptualización del Trabajo Social y la definición de conceptos que contribuyan a precisar la configuración su objeto de estudio y principios básicos que guíen la acción hará más efectivo su desarrollo teórico y práctico, por lo que es preciso rescatar, de sus antiguos referentes y esquemas teórico - metodológicos lo esencialdesde un análisis constante y crítico de la profesión.
La mayoría de los conceptos con los que inicia su trabajo este campo, han sido extrapolados del resto de las ciencias que le han prestado por mucho tiempo, referentes epistemológicos, teóricos y metodológicos que sesgan las interpretaciones de la realidad al tratar de comprenderla desde estas nociones y no desde la diversidad y riqueza social que caracteriza la realidad donde se desempeña ese trabajo.
El acceso a las políticas sociales nos brinda diversas configuraciones vistas desde diferentes ramas como la psicología, la sociología, la antropología pero se necesita para desarrollar al hombre nuevo con el que también soñamos los profesionales sociales, tener una visión de la totalidad social, con amplitud para validar la realidad y no la forma de estudiarla.
Un ejemplo que destaca la aparente contradicción generada entre trabajo social y políticas sociales, expresada en el plano profesional y académico nos los muestraAquin al determinar los planos básicos del trabajo social que marcan su efectividad y denotan la visión epistemológica desde la cual se implementa:
1.La lucha por establecer o por negar el estatuto público de una necesidad dada, esto es, la lucha por validar la necesidad como un asunto de legítima preocupación política o por clasificarlo como un tema no político.
2.La lucha por la interpretación de la necesidad, la lucha por el poder definirla y así determinar cómo satisfacerla.
3.Si estos dos momentos de la lucha –por otorgar un estatuto político a la necesidad y por su interpretación- se resuelven favorablemente, recién entonces nos encontramos frente al momento de la asignación de los recursos.
Comprensible la validación que nos propone esta autora de las realidad social ante el discurso político; lo que decimos en nuestras reflexiones es que la renovada visión del trabajo social nos abre el camino para la integración de estos discursos en las políticas sociales expresado en la participación y en el carácter emancipatorio de las relaciones y el crecimiento social.
Se debe responder auna disciplina científica construida histórica y críticamente respondiendo a los intereses populares como objetivo principal.
Por último nos parece necesario destacar la relevancia e influencia de estas ideas en el plano curricular tema controvertido que en nuestro país ha matizado muchos encuentros y desencuentros.
Es imprescindible crear, en base a estas reflexiones, un profesional comprometido con la sociedad su desarrollo y no con los objetivos políticos de determinado sistema social, siempre y cuando este no responda a los intereses de los individuos.Un agente comprometido con la libertad y dignificación del hombre, comprometido ideológicamente de forma tal que calibre en su exacta dimensión las políticas sociales de su sociedad.
La formación de nuestros trabajadores sociales debe tener en cuenta la necesidad de ganarse un espacio profesional y este objetivo en buena medida está condicionado por la educación que puedan recibir el resto de los agentes sociales (encargados de establecer e implementar las políticas sociales).De esta forma el trabajador social como facilitador del ejercicio social está dirigido a toda la sociedad y no solo a los grupos y comunidades designados por los intereses estatales.
Otro aspecto relevante es la integración que debe confluir en el trabajador social del poder social, disuelto en la práctica científica y concentrado en el plano político, por lo que la mayoría de las veces nos movemos en situaciones emergentes, no avaladas suficientemente por el conocimiento y la praxis social necesaria o viceversa: las políticas sociales desconocen la necesaria inserción en algún recodo del escenario social.
Una estrecha relación de las acciones sociopolíticas con los basamentos del trabajo social y su redefinición conceptual y práctica definirá un movimiento dialéctico y desarrollador en nuestras sociedades contemporáneas.
Conoce la picada más famosa y tradicional de Santiago...
Cuando se habla del Terremoto, la chicha, el pernil y el arrollado, se sabe que estas preparaciones son marca registrada de La Piojera, quizás, la picada más famosa de Chile.
Según cuenta la historia, fue en 1922 cuando a una autoridad de la época se le ocurrió invitar a un lugar conocido de Santiago al ex presidente Arturo Alessandri Palma. Cuando Alessandri ingresó y vio todo lleno de trabajadores, exclamó: "¿y a esta piojera que me han traído?, y desde ahí lleva este nombre.
La Piojera ha logrado no sólo ser conocida como una picada, sino que además se ha convertido década tras década, en un lugar de encuentro social que ha sido testigo de cambios políticos y culturales en la capital, pero que ha sabido mantener inquebrantable su tradición y, por qué no decirlo también, la magia que se vive en su interior.
Desde esa época ha cobijado a obreros, trabajadores, oficinistas, estudiantes, políticos y gente de televisión, así como también se ha convertido en centro de eventos culturales, lanzamientos de candidaturas políticas y otras manifestaciones relacionadas con nuestro espíritu nacional.
Este local ha sabido dar espacio a un amplio público, por lo que a todos les queda claro que la intolerancia y la discriminación, son conceptos que en La Piojera se conocen sólo de la puerta hacia fuera.
Hoy es la tercera generación de la familia Benedetti la que administra La Piojera con las mismas ganas y fuerzas de su fundador, Carlos Benedetti Pini, quien luego de trabajar en una tienda de curtiembre en la calle Puente, tuvo la oportunidad de comprar el local donde hoy sigue atendiendo este popular bar criollo, cuyo edificio data de 1850.
Su actual dueño, don Hubert Bernatz Benedetti de 52 años, nieto de don Carlos, junto a dos tías de la familia, las que ya sobrepasaron los 80 años de edad, se encargan de mantener viva a La Piojera, responsabilidad que en gran medida se debe también al público que la visita constantemente.
En medio de la agitada jornada diaria de La Piojera, en donde siempre hay público y la conversación en voz alta recuerda que a este lugar el silencio y el aburrimiento no están invitados, nos recibe su dueño para conversar sobre cómo ha logrado un lugar como éste sobrevivir a los cambios que se suceden en toda capital. "Creo y estoy seguro que La Piojera se ha mantenido en el tiempo gracias a esa magia especial que tiene. Es su ambiente, el espacio, el público que viene acá, no sé. Cuando pasas el umbral de la puerta, entras a otra época, te reciben las banderas chilenas. Esto en el fondo es una quinta de recreo, en donde público de todo tipo viene a comer o tomar algo y pasar un rato agradable conversando. Todo el día hay un dúo de músicos que interpreta canciones desde cuecas hasta rancheras, de lo que quiera la gente", señala entusiasmado nuestro entrevistado, cuando vemos pasar a un apresurado garzón con varios "patos" llenos de ese néctar famoso que según Bernatz, no hay mejor que el que se hace en La Piojera: el famoso Terremoto.
Pero si "El Terremoto" es lo primero que se nos viene a la mente cuando hablamos de La Piojera, una característica que también podría recordarse de inmediato si alguna vez se ha estado acá es la tolerancia, ya que a muchos puede asombrarles el ver la diversidad de público que se da cita en muchas ocasiones en este local. "Hemos sido visitados por cinco presidentes: Arturo Alessandri, Ríos, Allende y los dos Frei. Además han venido Lavín junto a Trivelli a celebrar acá el 21 de mayo del año pasado, el actual alcalde de Santiago, también Nelson Ávila, quien lanzó aquí su candidatura al Senado, los amigos del movimiento Guachaca liderados por Dióscoro Rojas, quienes declararon a La Piojera, Monumento Sentimental, y al mismo tiempo hay gente de trabajo, estudiantes y abuelos que nos visitan. El público es muy variado", comenta Bernatz.
El futuro no es incierto para el dueño de este rincón nacional en el corazón de Santiago, quien sabe que La Piojera aún no tiene fecha de vencimiento y que su ambiente y concepto seguirán manteniéndose incólumes. "El negocio sigue hasta cuando no dé más. Imagínate que ahora mis hijos que están en la universidad ya se están impregnando de este local. Cuando pueden vienen a ayudarnos a atender, lo que significa que la cuarta generación de la familia seguirá dándole vida a La Piojera. Queremos que siga así. No son necesarios los cambios, ni tenemos pensado hacer nada que dañe la esencia de este lugar", enfatiza el nieto y dueño de La Piojera.
Asi pasan los años y La Piojera esta cada día más vital que nunca, sin siquiera tener la intención de desaparecer, haciendo caso omiso al brusco cambio que se va provocando en la ciudad y en la sociedad, más bien recibiendo con los brazos abiertos a todos aquellos que buscan lugares sencillos, agradables, tolerantes, no importando la edad ni la condición social, porque en La Piojera, Santiago y sus tradiciones aún respiran.
Por William Sanzana C. Fotos: Felipe Cantillana R.
Hay más Jefas de Hogar en Chile: "Estudio confirma que 1 de cada 3 hogares del país es liderado por mujeres"
10/07/09 Ellas están tomándose no solo las casas, sino también el mundo laboral, y hace rato. Así lo confirma el ultimo estudio "Trabajo y Familia: Hacia nuevas formas de conciliación con responsabilidad social" de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Mientras en 1990 el 23.5% de los hogares chilenos tenían como jefe de hogar a una mujer, hoy en día la relación ha crecido a poco menos de un tercio de las familias.
¿Quien es jefa?
Actualmente se define como mujer jefa de hogar a aquella que posee a cargo la mantención de una familia y que además desempeña labores de trabajo para poder hacerlo. México es el país que registra el aumento más grande en cuanto a familias lideradas por una mujer, con una variación porcentual de 67.74 por ciento en 17 años.
Nicaragua es el país de Latinoamérica que tiene la mayor cantidad de hogares liderados por mujeres (39%), y en el caso opuesto esta Guatemala, donde sólo el 22,5% de las familias son comandadas por adultas de sexo femenino. Hasta hace tres décadas, en la región denominada el modelo clásico de familia nuclear, en la cual sólo el hombre trabaja remuneradamente este modelo a perdido importancia, así como también han disminuido las familias extensas, en las que además de madres y padres hay otras personas adultas en la casa.
Los modelos de protección social que se están construyendo actualmente en América Latina tiene su antecedente en la crisis de los ochenta y, yendo mas lejos aun, en las características de los anteriores modelos políticos y económicos.
En efecto, a fines de los sesenta latinoamericanos, en su conjunto, enfrentaban problemas en sus sistemas de protección social, que sumados a los efectos de la crisis de los 80 llevara a la ola de reformas neo liberales.
Los países de sistemas mas tempranos son por el déficit financiero de sus sistemas. Tanto en el caso de Argentina como en el de Chile y Uruguay los gastos de sus sistemas son superiores a sus ingresos lo que lleva a los estados a realizar crecientes transferencias fiscales y a intentar unificar los principales fondos o subsistemas sin lograr resolver los problemas.
La caída económica de la década del 80 agravó el déficit y gatilla una crisis en los sistemas de todos los países latinoamericanos. La disminución de los salarios reales repercute negativamente en el financiamiento de la seguridad social. A fines del decenio del ochenta, los déficits del sistema de seguridad social en Argentina, Cuba, Chile y Uruguay fluctuaban entre 5 % y 17 % del PIB Como una forma de reducir el déficit, muchos países permitieron una erosión del valor real de las pensiones y paralizaron la inversión en infraestructura y equipo sanitario. Los presupuestos de salud pública cayeron y se paralizaron las inversiones en infraestructura por casi 10 años.
En este contexto de crisis en la región, adquiere gran importancia los organismos financieros internacionales: Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco mundial (BM). Estos a partir de fines de la década de los 80 presionan fuertemente por reformas neoliberales con reducción del estado, redefinición de su rol, liberalización de la economía y transformación de los sistemas de protección social.
La implementación de las reformas de corte neoliberal presenta diferencias en los distintos países de la región y es posible observar países que implementaron reformas radicales como Perú y otros que aplican ajustes suavizados como Costa Rica Y Uruguay. Los factores de determinan estas diferencias son de dos tipos: coyunturales y estructurales. [1]
Respecto de los factores coyunturales: la forma e intensidad de las reformas responde tanto a la relación de fuerza de los grupos partidarios u opositores a estas reformas como a la gravedad de la crisis económica. En contextos de crisis más intensas, los sindicatos pierden fuerza y legitimidad para defender los intereses de las clases asalariadas mientras que la influencia de los organismos financieros internacionales se fortalecía. Un elemento que también debe ser tomado en cuenta es la capacidad de movilización y aptitud para pactar alianzas. En Argentina, país en donde la movilización es tradicionalmente alta las organizaciones de pensionados y los sindicatos, apoyados por partidos de oposición se movilizaron contra reformas radicales que apuntaban a la privatización y reducción de beneficios. En Brasil y Uruguay, donde existen grupos de profesionales que tenían sus propios sistemas públicos, privilegiados y costosos, estos se movilizaron en su defensa. También presionaron grupos privados de prestadores de servicios como en el caso de Brasil donde el sector de las empresas privadas de salud tiene históricamente un rol clave en la extensión del sistema de salud. En el caso brasilero, el surgimiento de movimientos sociales nuevos permite, en el contexto de transición a la democracia (a principios de la década del 80) que la constitución incorpore políticas de tipo universalistas muy favorables a las demandas de estos movimientos emergentes.
Respecto de los factores estructurales: es posible identificar tres elementos importantes.
En primer lugar, la forma de las instituciones políticas. Implementar reformas neoliberales es altamente complejo en un sistema democrático en donde la distribución del poder esta determinada, por lo menos, por las preferencias del electorado. La realización de reformas impopulares puede traer fuertes. Las reformas radicales realizadas en Chile son posibles en un momento de alta concentración del poder político y de virtual inexistencia de grupos disidentes con capacidad de influencia. En países con sistemas democráticos el grado de radicalismo de las reformas esta determinada por la dispersión/concentración del poder político. Ejemplo de ello son los casos de Brasil y Uruguay. En el caso de brasil, la dispersión del poder debido a su estructura densamente federalista y en el caso de Uruguay el recurso del referéndum permitieron conservar privilegios y dilatar la implementación de las reformas neoliberales.
En segundo lugar, el sistema de partidos determina la concentración o dispersión del poder político. Un sistema fragmentado, como en Brasil o Uruguay, dificulta la generación de alianzas que apoyen las reformas. En cambio cuando se trata de un sistema cohesionado con grupos estables de partidos que tienden a mantener mayorías parlamentarias la implementación de reformas de fondo se ve favorecida como fue el caso de Argentina.
Finalmente, es importante considerar la existencia de nicho o grupos de privilegios fomentados bajo la vigencia de sistemas de protección social anteriores a los años ochenta. Las reformas de carácter global resultan más fáciles de realizar cuando estos no han cobrado tanta importancia.
[1] Le Bonniec, Yves. ENSAYOS/ESSAYS Sistemas de Protección Social Comparados: Colombia, Brasil y México1. Rev. salud pública. [online]. sep./dic. 2002, vol.4, no.3 [citado 18 Julio 2007], p.203-239.