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Chrome OS y Android serán un solo sistema operativo
O eso sostiene Sergei Brin.




Sergei Brin, uno de los fundadores de Google y actuales directores de la empresa, salió al paso de la gran cantidad de reacciones que ha despertado el anuncio de Google Chrome OS, o más bien de la puesta en marcha del Chromium OS Open Source Project.
El experimentado desarrollador y hoy multimillonario acusó recibo de todas las críticas que Chrome OS ha recibido en el sentido de restar valor agregado a los Sistemas Operativos actuales en vez de añadirlo, y al sinsentido de sacar un sistema operativo ultraligero para netbooks cuando ya tienen uno más que adecuado corriendo en miles de smartphones, como es Google Android.
Respecto a esto último, Brin expresó su convencimiento respecto a que hay un futuro convergente entre Chrome OS y Android. No sólo comparten en su funcionamieto las piedras angulades (Linux y Webkit) sino que persiguen un mismo fin y apuntan a un nicho que aún no existe, ese que salva el descampado que hoy separa a netbooks y smartphones.



Añadió también que mientras Android es ya un producto terminado y en producción, Chromium es sólo un proyecto sobre el cual pasarán todo un año recolectando feedback. En ese sentido, ambos sistemas se nutren de las críticas constructivas que recibe cualquiera de los dos, pero además tienen la oportunidad de hacer competir a ambos equipos. Mal que mal, el equipo detrás de Android no ha renunciado a la idea de expandir su presencia en smartbooks y netbooks a mediano plazo.
La competencia es una excelente herramienta para impulsar el progreso, esperemos que esto le sirva a Google para hacer de sus dos productos una pareja de temer, o acaso una sola fusión invencible para el nicho de los tablets. Y si no, bueno, en el peor de los casos Android ya ofrece una alternativa abierta y llamativa.
Link: Brin: Google’s OSes likely to converge (CNET)
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ÉTICA PARA EL TRABAJO COLECTIVO

Por: Rafael Hernández BolívarFecha de publicación: 06/09/07


Estamos en tiempos de revolución y esto significa profundas transformaciones en todas las áreas de la vida social de los venezolanos. Se alteran las estructuras económicas, se introducen reformas sustanciales en el marco jurídico institucional, se abren nuevos espacios para la participación ciudadana y para el protagonismo social. Significa también el surgimiento de cambios en la manera de hacer política y de conquistar los liderazgos.Ya no hay espacio para la dirigencia tradicional, cuartorrepublicana, acostumbrada a robarles el esfuerzo y el trabajo a quienes de manera paciente y dedicada hacían posible las reinvindicaciones sociales. Hoy es rechazada aquella gente que al momento de la victoria, aparecía de improviso y terminaba no sólo proclamando la autoría de las conquistas y abonándolas a su prestigio político sino, peor aún, decidiendo sobre lo que debía hacerse de allí en adelante. Era la dirigencia contra la que protestó Victor Jara y graficó en estos versos: “Usted que era el más quedao, se quiere adueñar del baile”.Este comportamiento no es exclusivo de los individuos. También es frecuente en partidos, grupos políticos y hasta instituciones y organizaciones del Estado. Apenas comienza a perfilarse la solución a un determinado problema, se inicia una lucha fratricida por colocarle el sello del partido, del grupo o de la institución a la que se pertenece. A partir de allí, ya no importa la solución misma ni las personas o comunidades que se beneficiarían de su implementación o la mejor manera de llevarla a cabo. No. Lo que importa es quién capitalizará el beneficio político. Y, estas peleas, en no pocos casos, terminan obstaculizando las acciones necesarias y hasta paralizando y saboteando las soluciones.Las comunidades deben estar alertas y rechazar este tipo de conductas. En ese sentido, en Catia tenemos una larga experiencia. Todas las grandes conquistas han sido fruto de una larga y contínua lucha en la que se afianzan numerosas voluntades y esfuerzos de individuos, grupos, organizaciones e instituciones. ¿Quién puede reclamar para sí la autoría del Parque del Oeste, del Museo Jacobo Borges, de la eliminación del Retén de Catia y del Retén del Junquito? Todas han sido conquistas del esfuerzo mancomunado de los catienses. Todos los luchadores sociales de Catia, unos más, otros menos; muchos de ellos de manera anónima, han puesto su preocupación, sus esfuerzos y sus ideas al servicio de estas nobles causas. Hoy, con la universidad para Catia, puede decirse lo mismo.También es verdad que esas actitudes escamoteadoras del trabajo colectivo sufren en estos tiempos mayor rechazo. Cada día es menos posible birlar al pueblo porque están surgiendo dirigentes más concientes de la importancia de lo colectivo y orientados por nuevos valores. Cada día las comunidades tienen mayor participación y no están dispuestas a tolerar este tipo de comportamiento.Fuente: http://www.aporrea.org/poderpopular/a40802.html
BIENVENIDA A LA PÁGINA
Después de treinta años, de los rigores del pasado reciente, y aún cuando quisieron destruirnos,hoy estamos presentes. Por que pusimos los colores, por que pintamos los sueños y las esperanzas de toda una generación de chilenos y chilenas, convencidos de que fuimos un actor más en la construcción de la gran utopía, y porque fuimos y somos un aporte al arte y la cultura popular de nuestro pueblo.Hoy por hoy, con una mirada independiente, sin la urgencia del compromiso político, manteniendo los mismos principios y valores de siempre, con nuestras conciencias y nuestras manos limpias,extenderemos una invitación sincera y honesta, a toda esa generación de chilenos que creyeron en nosotros, también a nuestros detractores, pero sobre todo a los jóvenes, a las nuevas generaciones para que conozcan, quienes fuimos, que hicimos y qué es lo que hacemos, sin otro interés que el de hacer una contribución a la construcción de la memoria histórica.En el presente nos vemos enfrentados a una realidad sociocultural sin precedentes en nuestra historia; asistimos al fenómeno de la globalización un fenómeno que nos afecta, cambiando dramáticamente nuestros paradigmas, formas culturales, y de convivencia, el libre mercadismo impone una sola visión del mundo, la de él. Los ciudadanos ya no son tal, sino consumidores. Ante esta realidad nos rebelamos, creemos que desde nuestra condición de pintores populares, tenemos un aporte más que hacer. El muralismo en Chile forma parte de la expresión popular, arraigada en la tradición de lucha por la liberación, común con los pueblos hermanos latinoamericanos. Por esto proponemos ir al rescate de esta expresión que hace de lo propio, del sentir del pueblo plasmado en colores sobre los muros de nuestra ciudad.¿Por qué dejar de soñar, porque dejar de pintar, si la esperanza no se ha perdido?
Colectivo Muralista BRP

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!No es que no hayan existido mujeres filósofas!.


Es que los filósofos han preferido olvidarlas, aunque ojalá después se hayan apropiado de sus ideas.
Umberto Eco
Alicia H. Puleo en su libro “Filosofía, Género y pensamiento crítico” se hace varias preguntas que nos vienen bien para reflexionar en esta sección: ¿Cómo se traduce la auténtica revolución del conocimiento que supone la categoría de género en el ámbito de la Filosofía? ¿Cómo se inició este trabajo académico en los años setenta y qué tareas están hoy en curso?
Las respuestas que da a estas preguntas son muy aleccionadoras:
Como resultado del proceso social de cambio puesto en marcha por el feminismo a partir de los años setenta, las ciencias humanas y la Filosofía han comenzado a revisar gran parte de sus presupuestos y teorías. Así, por ejemplo, en el ámbito de la educación se han realizado numerosos estudios para erradicar los materiales y las conductas sexistas. Hoy el término de coeducación nos remite a una serie de esfuerzos conscientes para que la escuela mixta ofrezca verdadera igualdad de oportunidades para ambos sexos en el aprendizaje. La Sociología ha corregido graves deformaciones de sus estudios debidas a la invisibilización de las mujeres. En el caso que aquí nos interesa, el de la Filosofía, se han desarrollado diferentes tipos de investigación. Por el momento, sólo quiero señalar que ha habido una evolución en los objetivos y en el objeto de interés. Me limitaré, pues, a enumerar los tipos de trabajos existentes.
Muchos de los primeros trabajos realizados a partir de los años setenta pueden ser caracterizados como la búsqueda de "perlas de la misoginia". Se identificaban y recopilaban pasajes particularmente desfavorables a las mujeres en la obra de filósofos famosos, pasajes púdicamente silenciados, en general, por los manuales. Pero esta tarea pronto se convirtió en algo más complejo y elaborado. La identificación del sexismo ha tomado la forma de genealogía y análisis de conceptos y teorías, así como de detección de contradicciones internas en el discurso universalista del filósofo.
También se ha procedido a rastrear en el pasado para reconstituir una línea filosófica emancipatoria perdida una y otra vez en los corsi e ricorsi de la Historia. Recuperar los nombres y los textos de pensadoras y pensadores que fueron capaces de criticar el orden estratificado de género en épocas anteriores al surgimiento del feminismo contemporáneo ha sido una tarea importante.
La formación de una conciencia de género requería, asimismo, luchar contra tópicos arraigados como el de la inexistencia de filósofas. Rescatar del olvido o de la sombra de algún gran hombre a pensadoras de mérito es otro de los modos que ha tomado la investigación de género. Ambas tareas -constitución de un corpus filosófico no sexista y reconocimiento de la obra filosófica realizada por mujeres- son fundamentales.
El análisis de las teorías consagradas no se limitaría a señalar incoherencias o falsos universalismos constitutivos de sexismo. También comenzaría a sospechar sobre la existencia de un sesgo androcéntrico, es decir, de un presupuesto general no consciente por el que las experiencias y valores masculinos se constituyen en norma, modelo y centro de la construcción teórica. Esta crítica al androcentrismo se ha desarrollado tanto en el ámbito de la ética como en el de la epistemología, la metafísica o la Historia de la Filosofía.
Cabe señalar que, hoy en día, el arraigo y la fuerza del pensamiento feminista en Filosofía son tan grandes que éste ya no se limita únicamente a denunciar el sexismo y el androcentrismo, sino que mantiene debates internos entre distintas corrientes de interpretación del sistema de género y realiza propuestas de Filosofía Política que están siendo discutidas en los Parlamentos occidentales. Este es el caso, por ejemplo, de la democracia paritaria.
En relación con algunos de los supuestos manejados por Alicia H. Puleo, podemos encontrar opiniones de gran calado como la de Umberto Eco, semiólogo y escritor italiano, que en un artículo titulado “Filosofar en Femenino” publicado en el Diario La Nación de Argentina en 2004, decía:
En estas líneas se recorre la historia de la filosofía y los claustros
de las grandes universidades en busca de mujeres filósofas. Y el autor
encuentra algunos nombres, todos olvidados por los hombres filósofos,
excepto el de Hipatia, maestra en Alejandría, en el siglo V.

“La antigua afirmación filosófica de que el hombre es capaz de pensar en el
infinito mientras la mujer da sentido a lo finito puede ser leída de
diversas maneras: por ejemplo, suponer que como el hombre no sabe hacer
niños, se consuela con las paradojas de Zenón.

Pero a partir de la afirmación del género se ha difundido la idea de que si
bien la historia (al menos del siglo XX) nos ha hecho conocer grandes poetas
y narradoras, y científicas de diversas disciplinas, no nos ha ofrecido
mujeres filósofas ni matemáticas.

Desde hace mucho tiempo la distorsión del género ha dado lugar a la
convicción de que las mujeres no han sido afines a la pintura, con las
únicas excepciones de las conocidas Rosalba Carriera o Artemisia
Gentileschi. Sin embargo, la ausencia de mujeres en ese campo era algo
natural, ya que como la pintura se concentraba en los frescos de las
iglesias, subir a los andamios con faldas no era algo decente, ni tampoco
era tarea de mujeres dirigir un taller con 30 aprendices, ellas a duras
penas podían hacer pintura de caballete. Es un poco como decir que los
judíos se han destacado en muchas artes pero no en la pintura, hasta que
llegó Chagall.

Es cierto que su cultura era eminentemente auditiva y no visual, y que no
debían representar la divinidad por medio de imágenes, pero existe una
producción visual de indudable interés en muchos manuscritos judíos. El
problema es que era muy difícil, durante los siglos en los que el arte
figurativo estuvo en manos de la iglesia, que un judío fuera estimulado a
pintar madonnas y crucifixiones, y sería como asombrarse de que ningún judío
se haya convertido en Papa.
Las crónicas de la Universidad de Bologna citan a profesoras como Bettisia
Gozzadini y Novella d'Andrea, que eran tan bellas que debían dar sus
lecciones detrás de un velo para no perturbar a los estudiantes, pero
ninguna enseñaba filosofía.

En los manuales de filosofía no encontramos mujeres que enseñaran dialéctica
o teología. Eloísa, la brillantísima e infeliz estudiante de Abelardo, tuvo
que contentarse con ser abadesa. Pero el problema de las abadesas no debe
tomarse con ligereza, y a él ha dedicado muchas páginas una mujer filósofa
de nuestro tiempo como María Teresa Fumagalli. Una abadesa era una autoridad
espiritual, organizativa y política y desempeñaba funciones intelectuales
importantes en la sociedad medieval. Un buen manual de filosofía debe
consignar entre los protagonistas de la historia del pensamiento a grandes
místicas, como Catalina de Siena, por no hablar de Hildegarda de Bingen,
que, en cuanto a visión metafísica y a perspectivas sobre lo infinito,
resulta difícil de superar aún en nuestros días.

La objeción de que la mística no es filosofía no tiene fundamento, porque la
historia de la filosofía reserva un espacio a grandes místicos como Suso,
Tauler o Eckhart. Y decir que gran parte de la mística femenina daba mayor
importancia al cuerpo que a las ideas abstractas sería como decir que de los
manuales de filosofía habría que hacer desaparecer, entre otros, a
Merleau-Ponty.

Las feministas hace tiempo han elegido a su heroína Hipatia, quien, en
Alejandría, en el siglo V, era maestra de filosofía platónica y alta
matemática. Hipatia se convirtió en un símbolo, pero de su obra
prácticamente sólo quedó la leyenda, porque se perdió y también la propia
Hipatia, literalmente hecha pedazos por una turba de cristianos enfurecidos,
que según algunos historiadores fueron instigados por cierto Cirilo de
Alejandría, quien, más tarde aunque no por esto, fue convertido en santo.
¿Pero sólo habrá existido Hipatia? Hace poco más de un mes fue publicado en
Francia (en Arléa) un librito, Histoire des femmes philosophes. Según se
revela, el autor, Gilles Mónage, vivía en el siglo XVII, era un latinista,
preceptor de Madame de Sévigné y de Madame de Lafayette, y su libro,
aparecido en 1690, se titulaba originalmente Mulierum philosopharum
historia.

Hipatia no estaba nada sola: aunque está principalmente dedicado a la
filosofía clásica, el libro de Mónage presenta una serie de figuras
apasionantes: Diótima la socráte, Areté la cirenaica, Nicareté la megárica,
Iparchia la cínica, Teodora la peripatética (en el sentido filosófico del
término), Leoncia la epicúrea, Temistoclea la pitagórica. Y Mónage, tras
examinar textos antiguos y la obra de los Padres de la Iglesia, llegó a
citar a más de sesenta y cinco, si bien considerando la idea de filosofía en
un sentido bastante amplio.

Si se toma en cuenta que en la sociedad griega la mujer era confinada tras
los muros domésticos, que los filósofos preferían entretenerse con
jovencitos y que para gozar de pública notoriedad una mujer debía ser
cortesana, se comprenderá el enorme esfuerzo que deben haber hecho estas
pensadoras para poder afirmarse. Por otra parte, como cortesana, pero de
calidad, se recuerda a Aspasia, señalando que era versada en retórica y en
filosofía y a quien (según da testimonios Plutarco), Sócrates frecuentaba con
gran interés.

Me fui a hojear al menos tres enciclopedias filosóficas y de todos estos
nombres (salvo Hipatia) no encontré ningún rastro. No es que no hayan
existido mujeres filósofas. Es que los filósofos han preferido olvidarlas,
aunque ojalá después se hayan apropiado de sus ideas”.

FILÓSOSOFAS DE DISTINTAS ÉPOCAS
ANTIGÜEDAD
Las primeras mujeres filósofas de las que se tiene noticia estuvieron vinculadas a la escuela pitagórica (siglo VI a. C). Sus ideas, sin embargo, fueron atribuidas a su fundador, Pitágoras. Poco después aparecen algunas mujeres relacionadas indirectamente con la filosofía, como Aspasia de Mileto, protectora de Protágoras y promotora del pensamiento y la cultura en la Grecia de Pericles. También hubo mujeres filósofas en las escuelas epicúrea y estoica, tanto en Grecia como en Roma. En la escuela cínica destaca Hiparquía de Tracia (siglo IV a. C).
Hacia el final del período helenístico despunta Hipatia de Alejandría, la mujer científica y filósofa más importante de la antigüedad. Estudió las obras de Platón y Aristóteles, pero se dedicó sobre todo a la astronomía y la matemática.
EDAD MEDIA
Durante este período y por influencia del cristianismo, la mujer fue considerada como origen del pecado, la impureza y la debilidad. Excluidas del culto y marginadas de la vida social, las mujeres tenían prohibido el acceso a la cultura.
En esta época las mujeres laicas no contaban, en general, con la suficiente instrucción. Por el contrario, sí hubo mujeres cultas en los conventos y monasterios: bibliotecarias, escribanas y enseñantes, que escribieron obras sobres sus experiencias místicas, así como algunos tratados científicos.
En esta línea destaca Hildegarda de Bingen (1098-1179), que dejó escritos de astronomía, botánica y medicina, así como libros proféticos, basados en sus visiones .
RENACIMIENTO
Durante el Renacimiento, la filosofía continuó en manos masculinas, aunque algunos pensadores ya reconocían la influencia de las mujeres en el terreno de la cultura. En este sentido, se elaboraron elencos de mujeres célebres, con el fin de completar la trayectoria del pensamiento humano desde la antigüedad.
Progresivamente se fueron debilitando las condiciones que impedían el acceso de las mujeres a la cultura y aumentó el número de mujeres que escribían poesía y se interesaban por la ciencia, la política y la música, fundamentalmente entre la clase noble.
Así por ejemplo, Galileo mantuvo correspondencia con la duquesa de Toscana, Cristina de Lorena, a propósito de sus descubrimientos en astronomía y la defensa de las tesis copernicanas.
En el ámbito religioso y, concretamente, entre los reformadores católicos, destaca Teresa de Jesús (1515-1582), fundadora de monasterios y escritora. Su aguda percepción del dolor existencial humano se plasma en obras como Las moradas (1577), donde propone un camino interior de redención que conduce a la beatitud.
La obra de Teresa de Jesús ejerció una enorme influencia sobre la teología de su época y posteriores, en particular sobre la teología mística, al subrayar el aspecto psicológico y emotivo de la experiencia religiosa.
BARROCO
Madame de Sevigné (1626-1696). Isabel de Bohemia (1618-1880). Lady Conway (1631-1679). Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695).
ILUSTRACIÓN
Madame de Chatelet (1706-1749). Olympe de Gouges (1749-1793). Mary Wollstonecraft (1759-1797). Madame de Staël (1766-1817).
LA MUJER Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES DEL XIX
Flora Tristán (1803-1844). Eleanor Marx (1855-1898).
LA MUJER Y LA FILOSOFÍA EN EL SIGLO XX
Rosa Luxemburgo (1871-1919). Maria Montessori (1870-1952). Edith Stein (1891-1942). Simone de Beauvoir (1908-1986). Simone Weil (1909-1943). Hanna Arendt (1906-1975). Ayn Rand (1905-1982). María Zambrano (1904-1991).
Aspasia De Mileto
Teano
Perictione
Hipatia
Hildegarda De Bingen
Otliva Sabuco (1562-?)
Santa Teresa De Jesús
Isabel De Bohemia
Anne Finch Conway
Sor Juana Inés De La Cruz
Marquesa De Châtelet
Mary Wollstonecraft
Olympe De Gouges
Madame De Stäel
Flora Tristan
Harriet Taylor (1807-1858)
Madame Blavatsky
Eleanor Marx
Lou Andreas Salomé
María Zambrano
Simone Weil
Amelia Valcárcel
Victoria Camps
Celia Amorós
Adela Cortina
Asunción Herrera
Alicia Miyares
Agra, María Xosé
Burgos Díaz, Elvira
Cavana, María Luisa
Cobo, Rosa
De Miguel, Ana
Duran, María Angeles
Femenias,María Luisa
López Pardina, Teresa
Posada Kubissa, Luisa
Puleo, Alicia H.
Rodríguez Magda, Rosa María
Roldán, Concha
Rubio, Ana

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Justicia social


"Justicia social", foto de Gilberto Santa Rosa simbolizando la desigualdad.
La justicia social comprende el conjunto de decisiones, normas y principios considerados razonables de acuerdo al tipo de organización de la sociedad en general, o en su caso, de acuerdo a un colectivo social determinado. Comprende por tanto el tipo de objetivos colectivos que deben ser perseguidos, defendidos y sostenidos y el tipo de relaciones sociales consideradas admisibles o deseables, de tal manera que describan un estándar de justicia legítimo. Un estándar de justicia sería aquello que se considera más razonable para una situación dada. Razonable significa que determinada acción es defendible ante los demás con independencia de sus intereses u opiniones personales, esto es, desde una perspectiva imparcial; así, para justificar algo hay que dar razones convincentes que los demás puedan compartir y comprender. Así entendido, el concepto es análogo a la definición de Estado como orden normativo de Hans Kelsen, la diferencia radica en que la justicia social habla de las normas razonables e imparciales, mientras que el orden jurídico se refiere a las normas aceptadas en la ley, o bien, supuestas como requisitos de la convivencia en sociedad para imponer un orden de acuerdo a los diversos intereses sociales. Se puede decir que el instrumento de la justicia social es lo razonable e imparcial, mientras que el instrumento del Estado es la coacción para defender los diversos intereses reales existentes en una sociedad.
Desde un punto de vista histórico la Justicia social es un concepto aparecido a mediados del siglo XIX, referido a las situaciones de desigualdad social, que define la búsqueda de equilibrio entre partes desiguales, por medio de la creación de protecciones o desigualdades de signo contrario, a favor de los más débiles.[1] [2]
La justicia social remite directamente al derecho de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, en especial los trabajadores, al goce de los derechos humanos sociales y económicos, conocidos como derechos de segunda generación, de los que ningún ser humano debería ser privado.[1] [2] Para graficar el concepto suele decirse que, mientras la justicia debe ser ciega, la justicia social debe quitarse la venda para poder ver la realidad y compensar las desigualdades que en ella se producen.[3] En el mismo sentido se ha dicho que mientras la llamada justicia "conmutativa" es la que corresponde entre iguales, la justicia "social" es la que corresponde entre desiguales.
La idea de justicia social está orientada a la creación de las condiciones necesarias para que se desarrolle una sociedad relativamente igualitaria en términos económicos. Comprende el conjunto de decisiones, normas y principios considerados razonables para garantizar condiciones de trabajo y de vida decentes para toda la población. Involucra también la concepción de un Estado activo, removiendo los obstáculos que impiden el desarrollo de relaciones en igualdad de condiciones.
El filósofo argentino Alejandro Korn sostiene que la justicia social es un ideal que solo puede definirse a partir del hecho concreto de la injusticia social.[4] Algunos estudiosos,[5] sostienen que el concepto «justicia social» se corresponde con la «justicia distributiva» de Aristóteles, en tanto que la noción de «justicia conmutativa» del estagirita, corresponde a la idea clásica de justicia, en la sociedades modernas.
Entre los temas que interesan a la justicia social se encuentran la igualdad social, la igualdad de oportunidades, el Estado del bienestar, la cuestión de la pobreza, la distribución de la renta, los derechos laborales y sindicales, etc.

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